Cómo pueden servir las bibliotecas públicas a las poblaciones multiculturales.
Jens Ingemann Larsen, Deborah L. Jacobs, Ton van Vimmeren
Fundación Bertelsmann, 2005
La Fundación Bertelsmann se dedica a la investigación y la innovación en el campo de la biblioteconomía, como todos los que se dedican a la gestión de bibliotecas, públicas o no, lo saben. Es una de las grandes instituciones que dan apoyo formativo a los y las bibliotecarias. En el caso hispano, junto con la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, la institución de referencia. En esta línea lleva una serie de publicaciones dirigidas a la gestión de las bibliotecas. Ya en 2005 la Fundación Bertelsmann fijó su mirada en la realidad multicultural de las comunidades a las que muchas bibliotecas atienden y a ella dedicó el número 13 de su Biblioteca y Gestión. Nos parece especialmente interesante llamar la atención de nuevo sobre este breve y práctico manual, en un momento en el que las bibliotecas públicas de nuestro entorno están tratando de dar respuestas al nuevo tipo de usuario que reciben, muestra de una comunidad ciudadana cada vez más diversa, en sus inquietudes e ideologías, pero también en sus códigos culturales de referencia, en su lengua y en sus necesidades de información y formación. Por ello os ofrecemos, pinchando en este enlace, la reseña de los editores y el índice de este monográfico dedicado a la multiculturalidad en las bibliotecas.
La inmigración extranjera se ha convertido en pocos años en un componente esencial de la sociedad española. El fenómeno de la inmigración tiene múltiples caras, produciendo valoraciones diversas y provocando también apasionados debates ante una nueva realidad que aún nos cuesta encajar. La complejidad que encierran las migraciones sólo puede ser abordada con una multiplicidad de enfoques, considerando los diferentes ámbitos en que ésta se hace presente. El objetivo de este libro colectivo –resultado de los trabajos del V Congreso sobre la Inmigración en España– es mejorar el conocimiento de la inmigración en nuestro país, proporcionando un amplio estado actual de la cuestión que nos permita matizar muchas de las infundadas opiniones que en ocasiones circulan al respecto. Los artículos recogidos en esta publicación –elaborados por una buena parte de los mejores especialistas españoles en la materia– muestran la incidencia de la inmigración en una gran variedad de terrenos (economía, demografía, cultura, educación, sociabilidad, asociacionismo, derecho, política, género, redes, codesarrollo, racismo, sanidad o servicios sociales) con el fin de ofrecer una perspectiva global ante un fenómeno que nos interroga intensamente y para el que no existen respuestas fáciles.
Junto con otras síntesis, como el trabajo también colectivo De la España que emigra a la España que acoge, o el recorrido histórico que realiza Xavier Rius en El libro de la inmigración en España, posiblemente ésta sea la obra más completa y rigurosa en el abordaje del fenómeno de la inmigración. Lo es especialmente por el enfoque. Como dice el editor en el párrafo anterior, este libro es el resultado del V Congreso sobre Inmigración en España, y se presenta con una amplia multiplicidad de perspectivas. La inmigración es una realidad social, afecta a las personas, les concierne a las personas, y por lo tanto tiene causas y repercusiones en todos los ámbitos de la vida de una persona, y consecuentemente en la de una sociedad. Desde la economía hasta la educación, pasando por la política o la sanidad.
A continuación ofrecemos el índice de esta obra, en el que podrá apreciarse el valor del contenido de este libro.
Al principio de empezar a leer esta novela reconozco que me costó cogerle gusto. Un estilo de narración intimista y reflexivo, plagado de sentimientos profundos en exhaustivas descripciones de los pensamientos y las emociones de los personajes. El resultado parece ser una narración lenta en la que la acción avanza muy despacio. Sin embargo, a los poco capítulos me sorprendí totalmente enganchado a las vidas de Mien, Hoan y Bon, los tres protagonistas.
Son pocas también las historias que llegan desde Vietnam, y que de alguna manera reflejen el variado y contradictorio mundo de la triunfal postguerra en el Vietnam comunista que surgió, menos aún. Esta novela lo cuenta. Por presentarla un poco, en ella se narran las complejas relaciones de una mujer, Mien, con su segundo marido, Hoan, a quien se ve obligada a abandonar para volver con Bon, su primer marido, a quien todos dieron por muerto en la guerra, pero que ha reaparecido 14 años después vivo y con la intención de recuperar una vida y un amor que son suyos. Aldea de Montaña, el pequeño pueblecito en el que todo esto sucede, juzga que el héroe de guerra merece recuperar todo lo que hubo de sacrificar cuando fue a la guerra, movidos también un poco por la envidia hacia un Hoan, y su mujer, ricos y felices. El presidente de la comunidad, jefe del partido, presiona y Mien toma la única decisión que cree que puede tomar a ojos de su conciencia y de los demás: volver con Bon.
Pero Bon no ha vuelto el mismo de la guerra. Enfermo, debilitado e incapaz de rehacer una vida, no provoca otra cosa que compasión y algo de rechazo en Mien. Bon no trabaja; cuando comienza a desbrozar el pedazo de tierra que la comunidad le ha dado, cae enfermo varias semanas y ha de comenzar de nuevo otra vez. Incluso el jardín de su casa parece estéril como él mismo, incapaz de dejar embarazada a Mien, lo que parece ser su única esperanza, a la que se aferra con brutalidad para mantenerse vivo. En el lector, las sensaciones que transmite Bon son de rechazo, tal vez con algo de compasión. Los capítulos alternan de un personaje a otro, que nos descubren su visión sobre los hechos que se suceden, cuáles son sentimientos, sus miedos, sus intentos por seguir adelante. Y cuando habla Bon descubrimos un profundo y terrible dolor y sufrimiento. Hay un emotivo episodio que recuerda de la guerra, la batalla de la Colina 397, donde él fue el único superviviente de toda su compañía. Solo y aturdido, asustado por lo que acaba de vivir, por los fantasmas de la selva, y acuciado por los buitres, sin agua ni comida, arrastra el cuerpo de su sargento por la jungla buscando salir de allí. La tremenda y sobrecogedora emotividad de este episodio hizo que cambiara mi percepción de Bon, aunque es difícil decir que uno simpatice con un personaje más que con otro. Tal vez un logro de esta historia es que no hay buenos y malos. La brutalidad y desidia de Bon no consiguen contrarrestar el sufrimiento y la empatía; la frialdad y rechazo de Mien son más que comprensibles; e incluso los devaneos de Hoan, que nos va desvelando su pasado, nada fácil aunque haya llegado a ser un rico hombre de negocios, son comprensibles.
Y todo esto en el contexto de un Vietnam desconocido de campesinos al bode de la supervivencia junto con ricos negociantes, propietarios de grandes fincas y casas; un mundo rural casi bucólico, de plantaciones, reuniones comunitarias, partidas de caza, y una ciudad grande y sórdida donde la prostitución se ejerce en casuchas destartaladas entre callejones estrechos y sucios. En definitiva, una novela muy recomendable.
En cuanto a la autora, sí, es una mujer. Convencida comunista en su juventud, Duong Thu Huong lideró una brigada de voluntarios en la guerra, de la que sólo tres sobrevivieron. Después se alzó con defensora de los derechos humanos, lo que le reportó ser expulsada del partido comunista y, finalmente, ser considerada disidente y arrestada en su propia casa. En 2005 consiguió salir del país para instalarse en París. En castellano se han publicado tres títulos más de esta autora: Novela sin título (Circe, 1988), Los paraísos ciegos (Ediciones del Bronce, 2000) y Memorias de un manantial, (Planeta de Agostini, 2005)
He descubierto en nuestras estanterías un libro cuya publicación en castellano, este mes de junio pasado, parece haber sido premonitoria: Torneo de sombras: el Gran Juego y la pugna por la hegemonía en Asia Central. Escrito por la pareja de periodistas norteamericanos Karl E. Meyer y Shareen Blair Brysac, y publicado por RBA, como decía, el pasado mes de junio de 2008, en este libro se describen los diferentes movimientos auspiciados por las potencias de cada momento para controlar o poner bajo su tutela particular un extenso e indefinido territorio denominado como Asia Central y que podría abarcar desde las orillas del Mar Caspio hasta los desiertos del Turquestán chino (la recientemente "famosa" provincia occidental de Xinjiang), y desde las antiguas repúblicas soviéticas de Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguizistán y Tadzhikistán hasta prácticamente la India. En palabras de los propios Meyer y Blair Brysac, "Imagínese un inmenso plato de tierra, que abarca más de cuatro millones de kilómetro cuadrados, o la mitad del área de los Estados Unidos continentales. Imagínese una enorme estepa herbosa y pantanos salados, barridos por vientos inclementes. Añádanse docenas de ciudades-oasis, unidas por la fe islámica, y antiguas sendas de caravanas, habitadas por pueblos que pueden ser feroces o amistosos, hospitalarios o traicioneros. Por último, defínase el enorme núcleo interior con un círculo externo de las montañas más altas, los desiertos más atroces del mundo y ríos estruendosos cuyos cambiantes cursos logran confundir a los cartógrafos y a los encargados de redactar tratados. Al oeste de dicho núcleo se encuentran Persia y el Cáucaso, al norte Rusia, al este China, y justo al sureste Nepal y el Tíbet, y por debajo de Afganistán, al sur, se hallan los actuales Pakistán, Cachemira y el subcontinente indio. Tal era la zona donde los imperios británico, ruso y chino se encontraron, o más bien chocaron, puesto que las fronteras no eran precisas y gran parte del mapa estaba en blanco".
¿Nos suena de algo dicha zona del mundo? El Gran Juego (término acuñado por Kipling) original enfrentó a rusos y británicos durante el s. XIX y parte del XX en una especie de carrera por explorar, conocer, cartografiar y reclamar unos territorios prácticamente desconocidos y que eran la puerta de acceso al interior de China y de toda Asia, propiciando una suerte de Guerra Fría con sus múltiples y diversos conflictos paralelos e indirectos. Dos guerras en Afganistán, la ocupación de Egipto, la partición de Persia, la invasión británica del Tíbet y una movilización general de ambos imperios por una escaramuza fronteriza en 1885. Todo ello acabó pasando factura: en 1917 la revolución bolchevique ponía fin al imperialismo zarista, si bien nada cambió en las aspiraciones rusas, ahora soviéticas, en la zona; mientras que en el lado británico, empezó a hacer mella el agotamiento moral y material de una metrópoli abatida tras la I Guerra Mundial. Sin embargo, el Gran Juego, el Torneo de Sombras, como lo llamaría el conde Nesselrode, continuaría de mano de estadounidenses y soviéticos. De nuevo con Afganistán en el centro de todas las miras, la auténtica encrucijada de rutas y caravanas, yacimientos petrolíferos y oleoductos.
Tras la caída nuevamente de un imperio, el soviético, Asia Central se desmembró en diversas repúblicas que adoptaron las fronteras que los rusos les habían otorgado en el seno de la URSS, lo que reavivaría olvidados conflictos étnicos, hábilmente manipulados por las potencias. Pakistán y Afganistán están en plena ebullición; las ex-repúblicas soviéticas del Asia Central, aparentemente tranquilas, están básicamente bajo el control de compañías petrolíferas rusas y anglo-estadounidenses, pero amenazadas por el islamismo radical que se ha extendido por muchos otros países del Medio Oriente. Las servidumbres de paso del petróleo, además, han contribuido por otra parte a extender el marco del Gran Juego. Hace apenas una semana la guerra de Georgia, iniciada por un conflicto "interno", ha desembocado en una intervención total de Rusia en una de "sus" ex-repúblicas del Cáucaso y en una de las peores crisis diplomáticas a escala mundial entre Rusia y los países de la OTAN. Y todo esto sin que China o India hayan dicho nada por el momento.
En el campo literario hubo también pioneros y visionarios que participaron de alguna forma en este Gran Juego. Podemos recordar la gran novela de Rudyard Kipling Kim, que propone una ficticia invasión rusa de la India a través de esta zona del Asia Central en disputa; o El hombre que pudo reinar, y que nos retrotrae al mito de Alejandro Magno, quien descubriera para el imaginario occidental las misteriosas y enigmáticas tierras del interior eurasiático.
Hace ya 63 años que la II Guerra Mundial terminó y que la pesadilla del Holocausto fue descubierta por todo el mundo. Desde entonces se ha hablado mucho, se ha investigado, se ha escrito y se ha filmado mucho sobre este tema. De hecho, puede hablarse, a nivel literario, de una especie de género, una etiqueta, denominado "literatura del Holocauto". Se lo oí por primera vez a Josune Muñoz, en sus clases de literatura en Skolastika, en las que hablaba de una "literatura de las cicatrices", de esa forma que tienen los seres humanos de purgar sus fantasmas, miedos, angustias; el pesado lleno de malos recuerdos y peores sucesos, por medio de la escritura. Algo que comienza con testimonios directos y personales, para sacar de dentro unos recuerdos atemorizantes, para mostrar y denunciar ante el mundo una realidad escondida e hiriente; continúa después con biografías y testimonios novelados en los que se empieza a analizar, a reflexionar sobre una realidad que ya comienza a tomar cierta distancia; finalmente llega la ficción, que busca directamente la reflexión y la emoción. Así como en las dos primeras fases los autores y autoras de las historias narradas son testigos directos, supervivientes d los campos de concentración, a veces con las mediaciones y ayudas de otras personas, en la última fase escriben personas totalmente ajenas a esa realidad. de forma directa. A veces son descendientes de las víctimas de los campos de exterminio, procedentes de las mismas comunidades, o simplemente personas sensibilizadas con lo que supuso el Holocausto de los judíos en Europa (especialmente de los judíos, aunque que no fueran las únicas víctimas). El caso es que en los últimos meses se han publicado una serie de libros en España que vuelven sobre el tema del Holocausto, desde historias de ficción, completamente, que no se basan en sucesos reales, contrastados, a partir del testimonio de ningún superviviente. Son historias inventadas por sus autores y autoras como reflexión, recreación de unas situaciones históricas, en busca de una emotividad que pretende, cuando menos, rescatar del olvido lo que sucedió durante los años de dominio nazi en Europa, y plantar una semilla de reflexión sobre aquellos hechos.
Hablamos, por ejemplo, de La llave de Sarah, de El niño con el pijama de rayas (también publicado en euskera Pijama marradunaz jantzitako mutila) o de Una vez. Todo el mundo merece que le ocurra algo bueno en la vida. Tres libros que tienen en común haber sido publicados entre el 2006 y el 2008, por escritores (Tatiana de Rosnay, francesa; John Boyne, irlandés; y Morris Gleitzman, inglés de ascendencia polaca) demasiado jóvenes para a ver conocido el Holocausto en directo. En cuanto a las historias, en las tres el protagonismo corresponde a niños, una mirada desde la inocencia, la incredulidad y la incomprensión de lo que sucede a su alrededor. En el primer caso, se mezclan la investigación de una periodista en 2002 con las vivencias de una niña judía de París que en 1942 fue detenida en una redada, no antes de esconder a su hermano Michel en un armario, bajo llave. Sus intentos por regresar a casa cuanto antes, cuando son confinados en París y después enviados a un campo de concentración, añaden dramatismo y suspense a la investigación de la periodista, quien reconstruye el itinerario de Sarah para dar con su hermano, llegando con ella a la casa de la familia de su marido. Pasado y presente se comunican, y los sucesos de hace 60 años tienen sus consecuencias en nuestro mundo.
En El niño con el pijama de rayas lo atractivo y novedoso del tratamiento del Holocausto es que el protagonista de la historia es un niño alemán, Bruno, el hijo del comandante del campo de exterminio de Auschwitz, quien hasta hace poco había vivido cómodamente, como cualquier otro niño de su edad, en una zona acomodada de Berlín, jugando con sus tres mejores amigos para toda la vida. Sin saber gran cosa sobre la guerra que se libraba lejos de allí, en la que luchaba su padre, por quien sentía un natural orgullo, es arrancado de su entrono para trasladarse con toda la familia al campo donde "trabaja" ahora su padre. Si nada sabía de la guerra, menos aún de los campos de exterminio, y cuando descubre a la gente que vive al otro lado de la casa, tras una alambrada, y que viste toda igual, con un pijama de rayas, lo único que le viene a la cabeza es la gran aventura de descubrimiento que se abre ante él. Así comienza una serie de excursiones a lo largo de la alambrada, entre los árboles, cada día un poco más lejos, hasta que se encuentra con Shmuel, otro niño, de los del otro lado de la valla, de los que visten ese curioso pijama de rayas. Las conversaciones entre ambos darán lugar a una amistad entre ellos, pero sobre todo recrean una forma de ver lo que estaba sucediendo completamente inusual. Alejada de sesudas reflexiones y denuncias morales, la mirada de estos niños habla del "trabajo" que los padres de uno y otro realizan en su lado de la alambrada, de lo distintos que son sus mundos, pero lo iguales que son sus preocupaciones, inquietudes, problemas, juegos, amigos, relaciones, miedos... Y todo ello con una forma de narrar muy parecida a la que puede tener un niño. No en vano, el protagonista es un niño y es a través de su forma de ver y explicar el mundo como está narrada esta novela.
La última en llegar a las librerías, de momento, es Una vez. Todo el mundo merece que le ocurra algo bueno en la vida. Félix es su protagonista, otro niño, esta vez judío, internado en un orfanato católico en Polonia, aunque él sabe que sus padres no están muertos. lo que ocurre es que los alemanes han ocupado el país y persiguen a todos los judíos. Pese a los riesgos, decide escaparse para buscar a sus padres, y para sobrevivir inventa historias. Así, la novela tiene un punto de dulzura infantil porque, al igual que el libro de John Boyne, quien ve y explica el mundo es un niño de 10 años, lo que no quita que lo que ve y tiene que contar sea de una dureza extrema. De esta forma, Gleitzman ha conseguido una historia más cercana a las víctimas del Holocausto, más cruda y brutal, pero en la que caben la ingenuidad, la fantasía y, sobre todo, la esperanza.
Ahora se anuncia para este otoño el estreno de la versión cinematográfica de El niño con el pijama de rayas. Es evidente que la herida que se ahondó en Europa con el Holocausto de los judíos (y tantos otros) a manos de los Nazis y su demencial ideología aún no se ha cerrado. Va cicatrizando, pero todavía late y sangra. Espero que el maquillaje y la cirugía estética del cine no la tapen del todo ni la hagan desaparecer, para que no nos olvidemos de que está ahí.
La obra que quisiera presentar aquí no es una novela corriente. Tampoco es una lectura sencilla, al uso, de puro entretenimiento. Es, sin duda, una lectura difícil, exigente, pero muy interesante a la vez. Tanto por su contenido como por lo novedoso de su formato. Bueno, posiblemente no tan novedoso. Ya a principios del s. XX hubo un movimiento literario que promulgaba una escritura automática, directamente del centro de las emociones a la punta de la pluma o a las teclas de la máquina de escribir, sin procesar demasiado el lenguaje. Saneh Sangsuk (Tailandia) acomete una obra similar.
En cuanto al formato, su texto se divide en distintos capítulos en los que el protagonista, narrador y autor al mismo tiempo, habla de sí mismo en diferentes registros. Salta de la primera persona a la segunda y a la tercera, reproduciendo las formas coloquiales en las que nos referimos a nosotros mismos cuando hablamos de las cosas que sentimos, vivimos o experimentamos. A veces hablamos en primera persona: “yo fui, vi, me sucedió...”; otras veces nos referimos a nosotros mismos en realidad cuando hablamos de “tú”: “te sientes como...; vas a coger algo y...”; por último es muy común referirse a uno mismo precisamente con esa expresión de “uno”: “uno siente que...”. En cada capítulo el autor de La sombra blanca habla de sí mismo empleando estos diferentes modos de narrar, y además lo hace de una forma muy parecida a la coloquial, como si estuviera hablando más que escribiendo. No hay párrafos, puntos y aparte que marquen diferencias entre los temas que toca. Tan sólo puntos y seguido que separan reflexiones o acontecimientos que se suceden sin solución de continuidad. Incluso las comas faltan a veces, creando enumeraciones de sensaciones, sentimientos, emociones apresuradas, que se mezclan y se confunden. El resultado es una lectura apresurada, con un ritmo alto, atropellado en ocasiones, que se acelera en la misma relación proporcional en que escasean los signos de puntuación. Y esto hace que la lectura no sea fácil ya que el autor salta de un tema a otro de la misma forma atropellada e inconexa en que podemos hacerlo cuando hablamos con la desesperada necesidad de expresar una abrumadora cantidad de sentimientos para los que no hallamos palabras, tiempo ni sosiego para dar forma a nuestra expresión.
Esta forma de narrar, evidentemente, está en estrecha relación con el contenido de la obra. Es perfecta para transmitir la profunda confesión que el autor realiza de su propia vida. Un escritor, un artista de vida bohemia y disoluta en los barrios estudiantiles de Bangkok, profundamente deprimido, agobiado tras la muerte de unos amigos y de su amante, delirando con la posibilidad de suicidarse, decide sin embargo retirarse a una cabaña solitaria en medio de arrozales lejos de la frenética ciudad, con la intención de escribir un libro. Pero lo que comienza a escribir, en medio del tedio y la indolencia, el abandono y el desapego de todo, es una larga carta de confesión a una de sus mejores amigas de infancia; una declaración amorosa que se transforma en un regreso al pasado. Como dice la editora, “un particular descenso a los infiernos” personales del autor, un novela autobiográfica en la que el escritor pone al descubierto sus más profundos miedos, sus incoherencias, sus fracasos, como forma de redimirse y superarlos.
No descubriremos aquí el final, que no es lo más interesante de esta obra. Tan sólo recomendar una lectura estimulante, difícil pero tremendamente humana, en la que no sólo se acompaña a un personaje a través de una serie de acontecimientos, sino que se le descubre en lo más vulnerable de su condición humana. Probablemente más apta para el próximo otoño que para el presente verano. Que lo disfrutéis.
Una divertidísima sátira sobre la costumbre de los viajes de estudiantes pre-universitarios británicos, y muy especialmente sobre los mochileros que acuden en masa a la India con la intención de realizar el descubrimiento de sí mismos y de sus ansias espirituales. Experiencias no faltas de gran hipocresía e instaladas en cierta artificialidad.
Dave quedó prendado de la nueva novia, Liz, de uno de sus amigos. Terminado el Instituto, y antes de iniciar la Universidad, muchos jóvenes estudiantes acometen la aventura de sus vidas: largos e intensos viajes a lo largo y ancho del mundo, sobre todo por los diversos territorios de la Commonwealth, los vestigios del viejo Imperio Británico. Los amigo de Dave se embarcan en una vuelta al mundo que les llevará casi todo el año, mientras que él pasará el invierno en una estación de esquí suiza, trabajando, y Liz continúa sus estudios en un instituto de arte. Cuando Dave vuelve a Londres, él y Liz estrechan su amistad y Dave da rienda suelta a sus sentimientos, algo que Liz no comparte del todo, pero tampoco rechaza el juego. De entrada, ésto pone un poco interesante la historia, si bien tanta liberalidad es parte de la ficción de toda buena novela más que de la realidad que pretende reflejar.
Transcurren los meses, Dave no tiene nada que hacer hasta que empiece la Universidad, sus amigos están dispersos por el mundo, y Liz termina el curso en junio. Y llega la propuesta: irse juntos a la India por tres meses. Liz quiere ir; quiere hacer como todos los demás, aprovechar sus vacaciones para conocer mundo, descubrir el atractivo de la India, encontrarse a sí misma por medio de un viaje interior y espiritual casi tanto como un viaje físico a través del país. Dave, por su parte, escéptico con esto de los viajes hasta el momento, ve la oportunidad perfecta para estar a solas con Liz e intentar que su relación sea algo más.
Y comienza el viaje: la llegada a Delhi, el choque del calor, los olores, el ruido y el gentío de la India. La ilusión de Liz es inversamente proporcional a la incomodidad de Dave. Todo el viaje seguirá una tónica similar que por momentos parece dar la razón a Dave a medida que conocen a personajes como Jeremy, Jonah, Caz y Fee, y todo un conjunto de mochileros, hippies trasnochados, estudiantes pijos y buscadores de experiencias espirituales. Resultan cómicas las polémicas y debates entre occidentales que viajan por la India gracias a los cheques de papá tratando de dilucidar las causas de la miseria y la pobreza de los indios, proponiendo soluciones utópicas. Todo esto, claro, visto a través de los ojos de Dave, quien ve cómo Liz cada vez está más encantada con este ambiente en el que los porros circulan en cantidades industriales.
No seguiré resumiendo el argumento, ya que en él está la gracia de esta novela y no es plan de fastidiarla. Sin embargo, sí añadiré que Dave acabará descubriéndose a sí mismo, probando sus límites, aprendiendo a resistir; conocerá otra India de mano de un indio, Ranj, aunque éste viva en Putney, al sur de Londres, y esté en la India tratando de huir de unas tradiciones familiares que le obligan a casarse con la chica que le han buscado. El reencuentro con Liz y la vuelta a Londres aclarará muchas cosas, y Dave acudirá a su Universidad de York a estudiar Inglés (Filología inglesa) con una nueva identidad: Dave el viajero.
Realmente como dice The Times en la portada del libro, "muy, muy divertida"
Multiculturalidad e inmigración es, ante todo, una reflexión sobre uno de los fenómenos sociales que marcan nuestra historia hoy en día: el proceso de creación de sociedades multiculturales que huyen del modelo de asimilación de otros tiempos para construir espacios de encuentro y respeto, y la relación que existe entre este proceso y la intensificación de las migraciones internacionales.
En el primer capítulo se establece la relación que existe entre la multiculturalidad y la inmigración. De hecho, se presenta la multiculturalidad como un proceso que afecta a diferentes paradigmas políticos. Uno de estos paradigmas es la inmigración. Gestionar esta inmigración es gestionar los nuevos contextos que resultan de la multiculturalidad.
Ciudadanía y multiculturalidad es el siguiente par de categorías en el debate político. En este capítulo se presentan las características del proceso de la multiculturalidad y cómo afectan a los paradigmas políticos del momento.
En el segundo capítulo la reflexión se centra en el proceso de multiculturalidad que surge de la inmigración. Observando la inmigración con un enfoque estructural, ésta se convierte en el principal factor de cambio en nuestra sociedad.
El capítulo tercero analiza cómo se manifiesta el proceso de inmigración y multiculturalidad. Hay una serie de indicadores: democracia, asociacionismo, mediadores culturales, estereotipos y prejuicios, territorialización del proceso, situación de personas sin derechos y su gestión local (empadronamiento), y el derecho al voto.
El capítulo cuatro habla de las políticas para gestionar el proceso de la multiculturalidad. Estas políticas se han de basar en el nivel de accesibilidad de las fronteras y en propuestas concretas de políticas de acomodación, es decir, en la creación de puntos de encuentro y en un sistema de precondiciones básicas comunes para todos los gestores de multiculturalidad.
El quinto capítulo presenta los principales ejes de influencia para analizar el proceso y que han de ser compartidos por todos los investigadores de la multiculturalidad: métodos, enfoques, puntos de vista sobre el proceso de multiculturalidad y el advenimiento de la sociedad de inmigración.
El principal argumento de todo este libro es la afirmación de que la multiculturalidad es un proceso, y que el debate que ha de darse es cómo gestionar este proceso. Y adelanta sus propuestas, tanto metodológicas como teóricas, para definir la forma de gestión de la multiculturalidad. Por un lado, cómo han de ser estas propuestas: con un enfoque estructural y contextual, al nivel de análisis; y políticas de acomodación, al nivel de gestión. Por otra parte, los sujetos de estas propuestas, que son tres conjuntos: los portadores de la multiculturalidad (inmigrantes y ciudadanos autóctonos), los gestores de la multiculturalidad (redes de actores políticos, sociales, económicos y culturales), y los investigadores de la multiculturalidad (politólogos, sociólogos, antropólogos, demógrafos, juristas, filósofos, economistas). Finalmente, estas propuestas han de orientarse hacia discursos que se construyen en torno a la multiculturalidad, que incidan y legitimen comportamientos sociales y políticos concretos. El resultado ha de ser dotar al proceso de la multiculturalidad de una base teórica, una teoría política: la construcción de la sociedad multicultural.
La multiculturalidad y la inmigración son motores de cambio en el mundo actual. La situación mundial derivada de los atentados del 11 de septiembre de 2001, el 11 de marzo de 2004 y la guerra de Irak ha recuperado para el debate político conceptos fundamentales como la igualdad, la libertad y la seguridad, poniendo en cuestión derechos humanos y democracia. De este debate surgen dos categorías básicas: un proceso de multiculturalidad en todas sus vertientes y el planteamiento de una justicia distributiva global. Este libro, en resumen, plantea la relación estrecha entre las reflexiones y los retos de la sociedad dentro del triángulo ciudadanía-multiculturalismo-democracia liberal.
Esta relación se basa en un paradigma político en cada momento. Hasta ahora el paradigma político dominante ha sido, es, el liberalismo, que establece un vínculo indisoluble entre los principios de Estado, Nación y Ciudadanía, de forma que la estabilidad de las estructuras políticas se sustenta sobre la necesidad de una sociedad homogénea. Sin embargo, se está produciendo un cambio. La teoría política comienza a cuestionar el paradigma político liberal: la diversidad y el pluralismo políticos ya no son la excepción sino la norma, lo cual obliga a revisar la teoría de una sociedad homogénea.
Hay que crear un lenguaje político alternativo, contra el universalismo reinante que supone homogeneidad cultural para su aplicación en contextos que realmente son de diversidad cultural, y contra toda forma de unilateralidad en la concepción del mundo. La tarea que se propone este libro es analizar uno de los motores (la multiculturalidad y la inmigración) de la sociedad que está propiciando un cambio en el paradigma político, entendiendo por paradigma el gran principio político, social y cultural que sustenta la sociedad y la forma de organizarse. Mediante este análisis el autor se propone identificar los conflictos estructurales derivados y proponer posibles soluciones, que pasarán, necesariamente, por una toma de conciencia de la necesidad de cambios estructurales, transformaciones sociales y políticas, cambios, en definitiva, en el comportamiento ciudadano. Porque “si las estructuras de la sociedad no cambian, las actitudes de la ciudadanía continuarán igual”. Y el cambio es inevitable, la inmigración y la multiculturalidad de nuestras sociedades no es ya un asunto en debate, sino una realidad incuestionable.
En conclusión, este libro invita a una reflexión sobre los elementos de los momentos históricos, y lo interesante de este momento histórico (el presente), es que pone interrogaciones sobre hechos, conceptos y creencias hasta ahora incuestionables.