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TORNEO DE SOMBRAS: LOS JUEGOS DE LAS POTENCIAS

He descubierto en nuestras estanterías un libro cuya publicación en castellano, este mes de junio pasado, parece haber sido premonitoria: Torneo de sombras: el Gran Juego y la pugna por la hegemonía en Asia Central. Escrito por la pareja de periodistas norteamericanos Karl E. Meyer y Shareen Blair Brysac, y publicado por RBA, como decía, el pasado mes de junio de 2008, en este libro se describen los diferentes movimientos auspiciados por las potencias de cada momento para controlar o poner bajo su tutela particular un extenso e indefinido territorio denominado como Asia Central y que podría abarcar desde las orillas del Mar Caspio hasta los desiertos del Turquestán chino (la recientemente "famosa" provincia occidental de Xinjiang), y desde las antiguas repúblicas soviéticas de Kazajstán, Uzbekistán, Turkmenistán, Kirguizistán y Tadzhikistán hasta prácticamente la India. En palabras de los propios Meyer y Blair Brysac, "Imagínese un inmenso plato de tierra, que abarca más de cuatro millones de kilómetro cuadrados, o la mitad del área de los Estados Unidos continentales. Imagínese una enorme estepa herbosa y pantanos salados, barridos por vientos inclementes. Añádanse docenas de ciudades-oasis, unidas por la fe islámica, y antiguas sendas de caravanas, habitadas por pueblos que pueden ser feroces o amistosos, hospitalarios o traicioneros. Por último, defínase el enorme núcleo interior con un círculo externo de las montañas más altas, los desiertos más atroces del mundo y ríos estruendosos cuyos cambiantes cursos logran confundir a los cartógrafos y a los encargados de redactar tratados. Al oeste de dicho núcleo se encuentran Persia y el Cáucaso, al norte Rusia, al este China, y justo al sureste Nepal y el Tíbet, y por debajo de Afganistán, al sur, se hallan los actuales Pakistán, Cachemira y el subcontinente indio. Tal era la zona donde los imperios británico, ruso y chino se encontraron, o más bien chocaron, puesto que las fronteras no eran precisas y gran parte del mapa estaba en blanco".

¿Nos suena de algo dicha zona del mundo? El Gran Juego (término acuñado por Kipling) original enfrentó a rusos y británicos durante el s. XIX y parte del XX en una especie de carrera por explorar, conocer, cartografiar y reclamar unos territorios prácticamente desconocidos y que eran la puerta de acceso al interior de China y de toda Asia, propiciando una suerte de Guerra Fría con sus múltiples y diversos conflictos paralelos e indirectos. Dos guerras en Afganistán, la ocupación de Egipto, la partición de Persia, la invasión británica del Tíbet y una movilización general de ambos imperios por una escaramuza fronteriza en 1885. Todo ello acabó pasando factura: en 1917 la revolución bolchevique ponía fin al imperialismo zarista, si bien nada cambió en las aspiraciones rusas, ahora soviéticas, en la zona; mientras que en el lado británico, empezó a hacer mella el agotamiento moral y material de una metrópoli abatida tras la I Guerra Mundial. Sin embargo, el Gran Juego, el Torneo de Sombras, como lo llamaría el conde Nesselrode, continuaría de mano de estadounidenses y soviéticos. De nuevo con Afganistán en el centro de todas las miras, la auténtica encrucijada de rutas y caravanas, yacimientos petrolíferos y oleoductos.

Tras la caída nuevamente de un imperio, el soviético, Asia Central se desmembró en diversas repúblicas que adoptaron las fronteras que los rusos les habían otorgado en el seno de la URSS, lo que reavivaría olvidados conflictos étnicos, hábilmente manipulados por las potencias. Pakistán y Afganistán están en plena ebullición; las ex-repúblicas soviéticas del Asia Central, aparentemente tranquilas, están básicamente bajo el control de compañías petrolíferas rusas y anglo-estadounidenses, pero amenazadas por el islamismo radical que se ha extendido por muchos otros países del Medio Oriente. Las servidumbres de paso del petróleo, además, han contribuido por otra parte a extender el marco del Gran Juego. Hace apenas una semana la guerra de Georgia, iniciada por un conflicto "interno", ha desembocado en una intervención total de Rusia en una de "sus" ex-repúblicas del Cáucaso y en una de las peores crisis diplomáticas a escala mundial entre Rusia y los países de la OTAN. Y todo esto sin que China o India hayan dicho nada por el momento.

En el campo literario hubo también pioneros y visionarios que participaron de alguna forma en este Gran Juego. Podemos recordar la gran novela de Rudyard Kipling Kim, que propone una ficticia invasión rusa de la India a través de esta zona del Asia Central en disputa; o El hombre que pudo reinar, y que nos retrotrae al mito de Alejandro Magno, quien descubriera para el imaginario occidental las misteriosas y enigmáticas tierras del interior eurasiático.

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