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LIBURUTEGIAK TOPALEKU. LAS BIBLIOTECAS PÚBLICAS, ESPACIOS DE INTERCULTURALIDAD

Hace ya unos meses un grupo de bibliotecas públicas de Euskadi se embarcó en un proyecto piloto de interculturalidad. Se trataba de reconocer la realidad plural y culturalmente diversa que compone nuestra sociedad. Ya no sólo hay castellano y euskera; ni siquiera sólo los idiomas europeos que habitualmente estudiamos desde aquí. Ahora tenemos vecinos y vecinas que además de expresan en otros idiomas. Y los leen, los enseñan y los aprenden. Un nuevo grupo de usuarios de las bibliotecas públicas con unas necesidades y demandas particulares. O quizá no tanto: son las mismas que las de cualquier otra persona, las que define la declaración de la UNESCO. En lo referente a la interculturalidad, este es lo que dice:

"Los servicios de la biblioteca pública se prestan sobre la base de igualdad de acceso para todas las personas, sin tener en cuanta su edad, raza, sexo, religión, nacionalidad, idioma o condición social"

Manifiesto IFLA-Unesco sobre la Biblioteca Multicultural El Servicio de Bibliotecas Públicas del Gobierno Vasco ha prepardo los siguientes videos.

En castellano:

Y en euskera:

¡QUE VIENE EL LIBRO ELECTRÓNICO!

Nos está costando bastante hacernos a la idea y admitir que en el mundo de los libros se avecinan cambios. La tecnología también llega a las letras. Si nuestros primeros registros escritos se cree que se plasmaron en tablillas de arcilla (las que nos han llegado hasta nuestros días), los últimos que hemos creado, como esto mimos que lees, se descomponen en millones de pequeños impulsos eléctricos que, por no sé qué "mágicos" procesos, se manifiestan sobre una pantalla de ordenador (y quien dice ordenador ya hoy en día puede decir TV, teléfono móvil, iPhone, iPod y no sé cuántas cosas más que tengan una pequeña pantalla). Pero lo cierto es que esto es así.

El pasado otoño, el CCCB de Barcelona celebraba su Festival de la Literatura, Kosmopolis, en el que montaron una exposición que hablaba de la enorme diversidad, en cuanto a formatos, de la literatura. Ésta no se limita a los libros, los clásicos, los que tenemos en casa llenando estanterías o calzando mesas (de todo hay), en papel y encuadernados de una u otra forma. La literatura también se manifiesta y difunde en las letras musicales o en el cine, por ejemplo; y en la oralidad de los narradores tanto o más como en la pluma (o el teclado, aunque suene menos romántico) de los escritores. Kosmotica hacía un recorrido interesante por todas estas formas en las que la literatura se ha expresado.

Y ahora llega el libro electrónico. Via Javier Celaya y la revista cultural dosdoce, me he encontrado con un interesante artículo a propósito de los planes de Google para digitalizar y comercializar libros en principio descatalogados fuera del mercado habitual o difíciles ya de conseguir. Recomiendo su lectura.

Pero aún hay más. Entre los enlaces que expanden este artículo hay uno que hace referencia al libro electrónico y su relación con las librerías. Hasta ahora el debate de los libros electrónicos se está manteniendo en el campo de las tecnologías (¿existen dispositivos que permitan leer textos amplios con comodidad y sin los perjuicios a la vista de los monitores generalizados hasta el momento? ¿Y que sean portátiles, versátiles y asequibles?) o en el jurídico de los derechos de autor. Si un libro se digitaliza y pasa del soporte papel al electrónico, entonces puede copiarse, difundirse y distribuirse con mucha más facilidad que antes, y podría hacerlo de forma incontrolada por internet. Ese es el principal miedo de autores y editores (lo que pasó con la música o el cine) ¿Cómo salvaguardar esos derechos de propiedad intelectual y el negocio correspondiente?

El segundo artículo que me he encontrado esta tarde mira a las librerías. Google es una línea de negocio con el libro electrónico basada en internet y en la potencia de sus buscadores, pero no es la única. Y no debería serlo, sobre todo, de la misma manera que no existe una única editorial ni distribuidor ni librería. Si el libro electrónico es, ante todo, un libro, debería tener su espacio y tratamiento en las librerías. Con la particularidad de que para acceder al contenido necesitamos la mediación de un aparato electrónico, que en el caso de los dispositivos recién llegados también deberían ser considerados como parte de esos libros, y por lo tanto, presentes en las librerías. Lo demás, si están o no, los dispositivos y los contenidos, en otro tipo de negocios, reproduce otra vieja pelea de las librerías por defender su espacio comercial frente a modelos de grandes superficies generalistas. La pega en esta lucha es que los supuestos aliados naturales, las editoriales, a veces se alinean con el rival comercial, la gran superficie generalista, atendiendo antes y en mejores condiciones sus demandas que las de las librerías medianas y pequeñas. Si esto pasa con el libro tradicional, ¿qué puede ocurrir con el electrónico y las estrategias digitales y en internet de cada editorial?

Debemos potenciar lo que diferencia y hace mejor, en mi opinión de librero, a una librería frente a esos otros lugares de venta de libros (y de lo que se tercie), lo que hace que aportemos un valor añadido que además no repercute en el precio final del libro (como ocurre en otros sectores). Y eso lo aportan la especialización, el asesoramiento, la selección. Google tal vez lo pretenda y se acerque a ello, pero en general es imposible abarcar toda la inmensa producción escrita que existe, ni siquiera en las novedades puras y duras. Tampoco un librero, por bueno que sea, podrá hacer una selección sobre el total de lo publicado. Pero una selección concienzuda y deliberada puede aportar una garantía de calidad que no se encuentra de otra forma. Y esto que se da en los libros en papel hay que trasladarlo a los nuevos formatos. Si, como dice Javier Celaya, y también Google, la digitalización de los fondos editoriales debe ser una parte estratégica en las actuaciones de los editores, la colaboración con las librerías para distribuir y comercializar estos nuevos soportes, también y con mucho más sentido que el de arrojarse a los brazos de Google y sus subvenciones para digitalizar masivamente.

DE LA BURBUJA INMOBILIARIA A LA BURBUJA EDITORIAL

¿Cómo se garantiza mejor la diversidad cultural? En los últimos tiempos se suceden noticias, la mayoría pesimistas y quejosas sobre el estado del sector del libro: la lectura está estancada en aproximadamente el 50 % de la población, las tiradas o número de copias de un título se reducen, al tiempo que el número de nuevos títulos aumenta año tras año, aunque por debajo de lo que crecen las devoluciones generadas desde unas librerías congestionadas y en aprietos financieros para sostener el trajín de novedades recibidas y devoluciones enviadas sin que los libros realmente reciban un trato justo, una oportunidad de dar con su lector. Y es curioso, nuevos proyectos editoriales aparecen en el panorma editorial con la intención, nada más y nada menos, de encontrar un lector para cada libro y un libro para cada lector con sus 50 novedades al año (lo siento pero no tengo aquí ahora el nombre de esta nueva editorial que se presenta en estos términos, con muy buena pinta y grandes expectativas).

Cuando comenzó la crisis se dijo que el libro es un producto refugio: ocio de calidad y barato. Sin embargo, muchas librerías se resienten y algunas incluso se ven obligadas a cerrar. Ahora se suceden las estadísticas: el INE por un lado, muy optimista ya que en 2008 volvieron a aumentar notablemente los títulos editados, y eso debería ser una buena noticia (¿o no?); y las del Gremio de Editores, mucho menos optimistas, que reflejan el mercado interior del libro, señalando una caída en las ventas. En el periódico Público se hacen eco de esta situación, que no es nueva: hay demasiados libros editados para los que se venden. Y al mismo tiempo,muchos libreros nos quejamos de que las ediciones y las promociones cada vez se concentran más en un número reducido de títulos a la caza del best-seller. ¿En qué quedamos? ¿El negocio va bien o no? ¿Se publican demasiados libros o demasiado pocos?

Supongo que la cosa va por barrios. O aumentamos la demanda en un público lector creciente y exigente con lo que se le ofrece para leer o siempre habrá demasiados libros que no se venden, y los que sí se vendan no siempre serán obras de calidad con visos de pasar a la historia de la literatura. El ranking de ventas no es el mejor indicador para establecer la calidad literaria y la profundidad cultural de un libro, como tampoco lo es la taquilla recaudada para una película, como se quejaba Alex de la Iglesia recientemente en un programa de radio. Por otra parte, si no se publicaran tantos libros, acaso la diversidad cultural de la que se hace gala no sería tanta. Complicado dilema.

En el mencionado artículo, al que he llegado gracias al perfil de facebook de Egaroa, se analiza la situación editorial, que califica de hiperinflación de nuevas publicaciones, que buscan, desde las editoriales, colocar un libro en la búsqueda del campanazo del superventas, en nuevos puntos de venta, tal vez no tan legítimos (según la Ley del Libro, salvo en ferias, los libros no pueden acumular más del 5% de descuento en venta general, ni pueden servir como reclamo comercial para vender otros productos, puntos que hipermercados y periódicos, respectivamente, se saltan muy a la torera y con total impunidad). Los servicios de novedades gestionados por editoriales y distribuidoras inundan en ocasiones las librerías, que no logran vender tantos libros, provocando devoluciones crecientes. A los gastos de transporte hay que añadir, para las librerías al menos, una descapitalización, ya que aunque los libros se puedan devolver, los abonos correspondientes se cargan después de haberse generado las facturas y los cobros por parte de las distribuidoras. Sí, se genera un crédito a favor de la librería, pero ésta ha pagado por adelantado unos libros que no ha vendido y que no ha querido tener en la librería. Desde luego no es tampoco algo positivo para los distribuidores, cuya ganancia va con las ventas reales y no por servirlos. Y no digamos para las editoriales, cuyas liquidaciones con los distribuidores decrecen en la medida en que sus almacenes se llenan de devoluciones.

¿Soluciones? Se me ocurre una: avances de publicaciones. Que los libreros podamos disponer de información avanzada y completa de los planes de publicación de las editoriales de manera que puedan seleccionar aquellas novedades que realmente quieran recibir sin esperar a que aparezca el libro físicamente y recibirlo para saber si le interesa, si quiere apostar por él, para quiénes de sus clientes puede ir dirigido... Agilizar la comunicación y compartir información entre los distintos agentes de toda esta cadena (que no es tan larga) sería beneficioso para todos.

No os penséis, esto no se me ha ocurrido a mí solito. Carola Moreno, de la editorial Barataria lo ha dicho mucho mejor: "Tuve que aprender qué pasa cuando un libro sale de la imprenta (...). "El librero es la parte fundamental y la más débil de la cadena. Los libros los venden ellos: sus recomendaciones son más importantes que cualquier campaña de publicidad. Un buen librero es un lector que conoce su oficio, no alguien que sólo sabe buscar en un ordenador. Su protección es prioritaria. Se necesitan ayudas institucionales. Como las que tiene el cine, por ejemplo. Si no, desaparecerán. Y sin ellos se acabaron la diversidad, los autores, los lectores, la cultura" (tomado del blog Elogio de la librería)

A PROPÓSITO DE LAS FERIAS DEL LIBRO DE EUSKADI

Hoy viene en el Deia, versión impresa (en la digital no lo encuentro), un articulito evaluando la Feria del Libro de Mungia. Para empezar, no sé dónde se ha publicitado, que trabajando en una librería de Bilbao, asociada, no nos hemos enterado. Y no es que quisiera o pudiera participar, pero ya que se hace... Y dice el coordinador, Asier Muniategi, que ha sido todo un éxito. Mi reacción: JA! Y eso sin haber acudido. Hasta da una lista de títulos y autores más vendidos. De nuevo: JA! En las de Bilbao, en las que sí he participado, nunca se ha hecho una puñetera encuesta entre los expositores para evaluar ninguno de los aspectos de la feria, menos aún las ventas. Y que originalidad: Stieg Larsson (promociones y lanzamientos desde Navidad), Kirmen Uribe y Toti Martínez de Lezea. Los de siempre, los mismos, los únicos que figuran, a los que traen a las ferias... Sencillamente no me creo una sola puñetera palabra de lo que haya podido decir el coordinador de las ferias del libro de Euskadi. JAJA

Y todo esto a 3 meses escasos de la de Bilbao, por citar quizá la que más espacio y expositores tiene entre las de las ciudades grandes de Euskadi, y tras una semana en la que la Feria del Libro de Sevilla, por ejemplo, ya ha publicado su primera nota de prensa (se celebrará en mayo), y explotando las nuevas tecnologías, cuenta con una web institucional y hasta un perfil al menso en Facebook. ¿A alguien le extrañará que El Arenal de Bilbao vuelva a estar vacío de público el próximo mes de junio? ¿Será de nuevo por el mal tiempo? ¿Quizá la crisis económica? ¿O tal vez esos desvergonzados de Cliblik?

EUSKADI INTERCULTURAL

Hoy aparece con este título una noticia en Deia que da cuenta de la presentación del II Plan Vasco de Inmigración. Supone una mirada hacia la normalización de una situación de lo más normal.

REFLEXIONES DE LIBRERÍAS IBÉRICAS

Recupero de nuevo un artículo publicado por el amigo Txetxu. De hecho se trata de una reflexión tomada de un blog portugués, donde plantean una realidad sobre la gestión de las librerías muy similar a la que sufrimos por aquí. Y sí, digo "sufrir", y menos mal que hoy en día estamos informatizados y existe internet como herramienta para el intercambio de información, que si no, ni me puedo imaginar cómo serían las cosas.

Es una queja ya vieja, y eso que yo soy relativamente nuevo en esto de los libros y las librerías, que el volumen de ediciones es excesivo y que la vida de los libros (el periodo de tiempo desde que son editados, publicados, hasta que se clasifican como agotados o descatalogados, es decir, que ya no quedan ejemplares disponibles en la editorial ni los va a haber) es cada vez más corta. Se me ocurren algunas cosas positivas y algunas otras negativas sobre esto. Las positivas:

  • Más diversidad
  • Edición más democrática: es más fácil llegar a ver publicado un trabajo propio, hay muchas editoriales y muchas posibilidades de editarse uno mismo
  • ...

En cuanto a las negativas:

  • El riesgo que se corre con una publicación hace que se apueste cada vez más por productos "comerciales", es decir, en trono a fórmulas que se repiten y que se saben con éxito, lo cual no es precisamente fomento de la creatividad o la originalidad
  • Lamentablemente, la democratización de la edición y el aumento de publicaciones guarda una proporción directamente inversa a la calidad. Entendiéndaseme, no estoy en contra de la eliminación de trabas a menudo elitistas y políticas para que quien tenga o sienta que tiene algo que expresar no lo pueda hacer, pero la creciente competencia no lleva pareja una selección en cuanto a la calidad de lo que se escribe y se publica. Habría que ver la de faltas ortográficas que acumulan algunos libros de determinadas editoriales económica y comercialmente muy potentes, por mencionar algo totalmente objetivo y evidente.
  • El exceso de publicaciones se da no tanto porque se publiquen 50.000 ó 100.000 nuevos títulos en un año, sino porque ni de lejos se demandan y se compran esa cantidad de libros, y lo más grave es que no hay una iniciativa editorial por el fomento de la cultura lectora, de la cultura de la palabra impresa en este caso. Se traslada toda la responsabilidad sobre este tema a los propios lectores, y al público en general, que si no compra más libros y no lee más es porque no quiere, porque es un inculto o porque está atontado por otros medios de entretenimiento de peor calidad todavía
  • Para minimizar el riesgo comercial de un libro, las grandes editoriales publican una gran variedad de títulos, con que uno solo triunfe y se convierta en un best-seller bastará para hacer rentable el conjunto de la editorial, aunque esta lógica tan sólo ayuda a este tipo de editoriales con presencia (por vía de participaciones empresariales antes que de otro tipo) en medios de comunicación de masas. Por el camino lo que hacen es lastrar a todo un canal de difusión y comercialización de los libros: los libros han de transportarse hasta el distribuidor, de este a las librerías, que incapaces de asumir el aluvión, con públicos incapaces (es cuestión de tiempo y de dinero y de espacio) de leerlo todo, a menudo devuelven gran cantidad de los libros recibidos. Viajes de ida y vuelta que tan sólo generan gastos. Para las librerías el gasto no es sólo el transporte, sino también el tiempo de gestión (lo que viene muy bien expresado en el artículo que señala Txetxu y que ha dado pie a toda esta parrafada) y sobre todo la precarización o descapitalización de las librerías. Porque devolver se puede devolver, los libros, no el dinero. Los libros llegan con su albarán, que se convierte en factura, con un vencimiento, que se cumple; los libros al devolverse van con otro albarán, que se traducirá en otra factura que rectifique a la primera, pero con su propio vencimiento, lo cual genera créditos para las librerías, pero sin mayor margen para reconducir sus selecciones de libros. Y todo esto ha de ser soportado por márgenes comerciales ridículos.
  • Una última consecuencia, que cuando un libro es realmente bueno y demandado, enseguida se agota porque las tiradas son mínimas, limitando de forma ilógica su difusión y su venta. Bueno, salvando los best-sellers y las ediciones fantasma (que un libro sea reeditado hasta 15 veces en menos de 6 meses me parece más una operación de marketing que una realidad).

Decía el texto que cojo de Txetxu que es físicamente imposible tener todos los libros, y añado que tampoco los quiero tener aunque pudiera. La única manera de mantenerse en medio de esta ilógica vorágine editora es especializándose, en ciertos temas, en ciertas editoriales que ofrezcan calidad, etc. Nunca se podrá tener todo, pero sí se podrá conseguir que todo lo que se tenga sea bueno y merezca la pena, y el placer, de leerlo.

UNA CLASE, UN LIBRO, UNA PELÍCULA

Tomo prestado este post de mi compi Teresa sobre una película aclamada que también fue antes un libro y que recoge una realidad confusa que quiere ser intercultural pero que no lo logra del todo... Una buena convivencia intercultural es mucho más que grupos de fusión musical o restaurantes de gastronomías exóticas.
Se estrena hoy en España la película La Clase, protagonizada por el propio autor del libro que toma como punto de partida, François Begaudeau.

Ganadora de la Palma de Oro en Cannes, esta película de Laurent Cantet, un director en cuya filmografía destacan películas como Hacia el Sur y Recursos Humanos, vierte una mirada crítica pero nada simplificadora sobre las relaciones de poder dentro del aula y las dificultades de un profesor para transmitir conocimientos a un grupo de alumnos que se podría calificar como la típica clase multicultural. Se trata de grupo de adolescentes de diferentes orígenes, algunos de los cuales apenas hablan francés, a que un sistema educativo desbordado y poco adaptable tiene que integrar de alguna forma, ni que sea ofreciéndoles formación profesional bajo la forma de prácticas de reponedor en el supermercado local...

En La Clase se mezclan realidad y ficción , ya que el papel principal, el de un profesor de francés, está interpretado por Begaudeau, que escribió el libro homónimo basándose en su propia experiencia como maestro. Por otro lado, los alumnos son realmente alumnos de un instituto de la periferia parisina en pleno taller de teatro.

Las tensiones entre profesor y alumnos también son reales, debidas en parte a la propia naturaleza del sistema educativo, pero también al hecho de que el profesor tiene una experiencia vital radicalmente diferente de la de sus alumnos, lo que lleva a malentendidos muy reveladores.

Un ejemplo de estos malentendidos es la ocasión en que el profesor intenta explicar a sus alumnos, que viven en un entorno en el que sencillamente no se utilizan formas del subjuntivo ni un registro de discurso formal, que una persona debería saber "instintivamente" cuando aplicarlas.

Todavía no he visto la película, pero conozco el libro y no tengo duda que esta mantiene su espíritu. Es refrescante poder ver como se habla de multiculturalismo sin emplear el discurso paternalista y superficial estilo Benetton que muchas veces se adhiere al tema de la convivencia multicultural.

Este profesor es muchas veces irónico con sus alumnos, se equivoca, les vacila, abusa de su posición, pero también es una persona empeñada en transmitirles conocimientos, en ayudarles a desarrollar sus capacidades dentro de un sistema poco adaptado a sus necesidades.

El libro es fiel a la realidad, así que el profesor fracasa en gran medida en sus propósitos, pero el intento deja lugar a esperanza. No se trata de "promocionar" ni de "condenar" el multiculturalismo, simplemente se trata de retratar la realidad tal como ella es.

PREMIOS SILENCIADOS

Una amiga me ha enviado hace un rato una presentación de power point, de las que habitualmente no abro, pero que esta vez, viniendo de quien venía, he abierto. Me he encontrado con una noticia más que curiosa a las alturas de nuestra historia en las que nos creemos que vivimos, tan civilizados y tan libres. A lo mejor soy yo que no estoy al tanto de todas las noticias (¿quién podría?), y menos de las relacionadas con entregas de premios a periodistas, una profesión que en mi humilde opinión, y sin pretender ofender a nadie, está sobrevalorada, al menos en el plano de la moral y la ética social. Existe una especie de mitología épica entorno a la figura del periodista defensor de la verdad, la integridad, la objetividad y la libertad de nuestras sociedades, alimentada sobre todo por los propios periodistas. No creo que sea para tanto, ni que sean precisamente ellos tan exclusivamente como se presentan. No al menos como colectivo, como marca de fábrica, como una característica inalienable del ser periodista, como si fuera con el título. Ésto no quita que haya periodistas que sí estén a la altura del mito; después de todo, detrás de todo mito y leyenda hay un poso de verdad y realidad.

Desconozco el trabajo de Gervasio Sánchez, periodista gráfico que este año 2008 recibió el premio Ortega y Gasset de periodismo por una fotografía, la que podéis ver aquí, con la que se llamaba de nuevo la atención sobre las secuelas del uso de las minas antipersona. En el acto de entrega Gervasio leyó un discurso que, según la presentación que enlazo aquí, ha sido veladamente censurado, es decir, no ha sido reseñado, comentado ni reproducido, ni siquiera criticado por los que son sus compañeros de profesión, adalides del progreso político y social en toda sociedad que se precie hoy en día de algo, lo que sea. Es curioso, la foto, así, sin palabras, a todo el mundo le pareció merecedora de un premio; la denuncia intrínseca en ella nos reconforta a todos. Sin embargo, el discurso, cuando la denuncia intrínseca se explicita, se verbaliza, nombran culpables, resulta incómodo. ¿Por qué hipócrita razón le concedieron el premio a Gervasio Sánchez?

Afortunadamente, en los tiempos que corren disponemos de muchos pretendidos periodistas, en el más abierto de los sentidos, y de una herramienta, internet, que puede valer por todos los medios de comunicación al uso juntos. Así que después de todo, el mensaje de un hombre corriente, testigo de muchas verdades con su cámara de fotos, podrá ser difundido y leído... si queréis.