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UNA CLASE, UN LIBRO, UNA PELÍCULA

Tomo prestado este post de mi compi Teresa sobre una película aclamada que también fue antes un libro y que recoge una realidad confusa que quiere ser intercultural pero que no lo logra del todo... Una buena convivencia intercultural es mucho más que grupos de fusión musical o restaurantes de gastronomías exóticas.
Se estrena hoy en España la película La Clase, protagonizada por el propio autor del libro que toma como punto de partida, François Begaudeau.

Ganadora de la Palma de Oro en Cannes, esta película de Laurent Cantet, un director en cuya filmografía destacan películas como Hacia el Sur y Recursos Humanos, vierte una mirada crítica pero nada simplificadora sobre las relaciones de poder dentro del aula y las dificultades de un profesor para transmitir conocimientos a un grupo de alumnos que se podría calificar como la típica clase multicultural. Se trata de grupo de adolescentes de diferentes orígenes, algunos de los cuales apenas hablan francés, a que un sistema educativo desbordado y poco adaptable tiene que integrar de alguna forma, ni que sea ofreciéndoles formación profesional bajo la forma de prácticas de reponedor en el supermercado local...

En La Clase se mezclan realidad y ficción , ya que el papel principal, el de un profesor de francés, está interpretado por Begaudeau, que escribió el libro homónimo basándose en su propia experiencia como maestro. Por otro lado, los alumnos son realmente alumnos de un instituto de la periferia parisina en pleno taller de teatro.

Las tensiones entre profesor y alumnos también son reales, debidas en parte a la propia naturaleza del sistema educativo, pero también al hecho de que el profesor tiene una experiencia vital radicalmente diferente de la de sus alumnos, lo que lleva a malentendidos muy reveladores.

Un ejemplo de estos malentendidos es la ocasión en que el profesor intenta explicar a sus alumnos, que viven en un entorno en el que sencillamente no se utilizan formas del subjuntivo ni un registro de discurso formal, que una persona debería saber "instintivamente" cuando aplicarlas.

Todavía no he visto la película, pero conozco el libro y no tengo duda que esta mantiene su espíritu. Es refrescante poder ver como se habla de multiculturalismo sin emplear el discurso paternalista y superficial estilo Benetton que muchas veces se adhiere al tema de la convivencia multicultural.

Este profesor es muchas veces irónico con sus alumnos, se equivoca, les vacila, abusa de su posición, pero también es una persona empeñada en transmitirles conocimientos, en ayudarles a desarrollar sus capacidades dentro de un sistema poco adaptado a sus necesidades.

El libro es fiel a la realidad, así que el profesor fracasa en gran medida en sus propósitos, pero el intento deja lugar a esperanza. No se trata de "promocionar" ni de "condenar" el multiculturalismo, simplemente se trata de retratar la realidad tal como ella es.

PREMIOS SILENCIADOS

Una amiga me ha enviado hace un rato una presentación de power point, de las que habitualmente no abro, pero que esta vez, viniendo de quien venía, he abierto. Me he encontrado con una noticia más que curiosa a las alturas de nuestra historia en las que nos creemos que vivimos, tan civilizados y tan libres. A lo mejor soy yo que no estoy al tanto de todas las noticias (¿quién podría?), y menos de las relacionadas con entregas de premios a periodistas, una profesión que en mi humilde opinión, y sin pretender ofender a nadie, está sobrevalorada, al menos en el plano de la moral y la ética social. Existe una especie de mitología épica entorno a la figura del periodista defensor de la verdad, la integridad, la objetividad y la libertad de nuestras sociedades, alimentada sobre todo por los propios periodistas. No creo que sea para tanto, ni que sean precisamente ellos tan exclusivamente como se presentan. No al menos como colectivo, como marca de fábrica, como una característica inalienable del ser periodista, como si fuera con el título. Ésto no quita que haya periodistas que sí estén a la altura del mito; después de todo, detrás de todo mito y leyenda hay un poso de verdad y realidad.

Desconozco el trabajo de Gervasio Sánchez, periodista gráfico que este año 2008 recibió el premio Ortega y Gasset de periodismo por una fotografía, la que podéis ver aquí, con la que se llamaba de nuevo la atención sobre las secuelas del uso de las minas antipersona. En el acto de entrega Gervasio leyó un discurso que, según la presentación que enlazo aquí, ha sido veladamente censurado, es decir, no ha sido reseñado, comentado ni reproducido, ni siquiera criticado por los que son sus compañeros de profesión, adalides del progreso político y social en toda sociedad que se precie hoy en día de algo, lo que sea. Es curioso, la foto, así, sin palabras, a todo el mundo le pareció merecedora de un premio; la denuncia intrínseca en ella nos reconforta a todos. Sin embargo, el discurso, cuando la denuncia intrínseca se explicita, se verbaliza, nombran culpables, resulta incómodo. ¿Por qué hipócrita razón le concedieron el premio a Gervasio Sánchez?

Afortunadamente, en los tiempos que corren disponemos de muchos pretendidos periodistas, en el más abierto de los sentidos, y de una herramienta, internet, que puede valer por todos los medios de comunicación al uso juntos. Así que después de todo, el mensaje de un hombre corriente, testigo de muchas verdades con su cámara de fotos, podrá ser difundido y leído... si queréis.

CLIBLIK EN LA RED

Un enlace interesante sobre CLIBLIK. En preparación ya las II Jornadas de edición independiente en Bilbao, presentamos el perfil de CLIBLIK en la red de Facebook y os invitamos a uniros al grupo y aprovechar las posibilidades que las tecnologías nos ofrecen para estar en contacto y compartir ideas.

STORYTELLING IN LIB-LITTERAEMUNDI 17 JANUARY

 

 

PRINCESAS Y PIRATES

 

PRINCESSES AND PIRATES

 

Saturday 17, January

11.30 in the morning

 

Adventures sailing the seven seas of the world, furious pirates in the Caribbean Sea and giggling princesses in fairy castles and in the exotic India

Sábado 17 de enero

11.30 de la mañana

 

Aventuras navegando los siete mares del mundo,furiosos piratas emn el Mar Caribe y sonrientes princesas en castillos de fábula y en la exótica India

(imprimir cartel)

 

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Te esperamos en la librería Lib-LitteraeMundi,

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Tel.: 944163869

Mail: info@libreriaintercultural.com

MAMADÚ VA A MORIR, PRESENTACIÓN CON GABRIELE DEL GRANDE

 El drama de la inmigración es algo que suele aparecer en las noticias, de cuando en cuando, en forma de impactantes de imágenes de naufragios, rescates o desembarcos entre policías y auxiliares sanitarios. A veces se nos ofrecen cifras, estadísticas: tantos miles de indocumentados arrestados; tantos cayucos en Canarias o en el Estrecho; tantos supuestos muertos (porque números ciertos en esto...). La inmediatez y lo efímero de las noticias en el mundo que nos hemos montado hace que estas informaciones pasen como llegan, a toda prisa, entre fogonazos de nuestras pantallas de TV o en ráfagas radiofónicas. Los periódicos parecen ofrecer una perspectiva más serena: la pausa de la palabra escrita y leída. Sin embargo, las reflexiones vertidas son tan fugaces como las de sus compañeros informativos. Nos queda internet, donde se combinan sin igual la serenidad de lo escrito con la fugacidad de las noticias que se suceden y se agolpan. De todas formas, la filosofía misma de internet hace que los comentarios, los artículos, las noticias, esta misma reseña, pasen a toda prisa.

Los libros, empero, conservan en toda su dimensión el reposo necesario para la reflexión y la comunicación profundas sobre una materia. Gabriele del Grande, periodista italiano y prolijo activista en diversas causas con los Derechos Humanos como eje central, ha hecho todo este recorrido. Colaborador de una agencia de prensa, Redattore Soziale, es autor de varios blogs, entre los que podemos destacar Fortress Europe. Sus artículos han circulado por diversos espacios de la red de redes, y con ellos sus denuncias y análisis sobre el trato que se da a los inmigrantes desde las políticas europeas, así como los extraños acuerdos y acompañamientos de los que se dota la Unión Europea para vigilar su frágil frontera exterior contra las migraciones. Se ha mostrado terriblemente crítico, por ejemplo, con los pactos de colaboración a los que ha llegado el Frontex e Italia, en particular, con un país como Libia, cuyo presidente era considerado terrorista hace apenas una década, y ahora, por mor del gas y del control de los inmigrantes ilegales, elevado al grado de "gran amigo" y " líder de la libertad", en palabras de Berlusconi. Finalmente, Gabriele del Grande se ha lanzado a conocer de primera mano las situaciones no ya de los números estadísticos, sino de las personas que se juegan, literalmente, la vida intentando llegar a la rica Europa (a pesar de la crisis). Ha viajado desde Turquía a Marruecos, y hasta Mauritania, Malí o Senegal, entrevistando a quienes posteriormente emprenderían el viaje de sus viajes, y a sus familiares. Fruto de todo ese trabajo es la publicación de Mamadou va a morir, un libro que este mes publica Ediciones del Oriente y el Mediterráneo.

Como tal libro, recoge informaciones, opiniones y reflexiones elaboradas, pausadas, meditadas. No es producto de un calentón o fruto de una noticia intensa, pero pasajera. Busca las raíces de esa noticia que de una forma u otra, antes o después, seguirá aflorando en nuestros medios de comunicación (quizá también en nuestras conciencias), y ofrece una oportunidad de acercarse a esta realidad y conocerla con cierto rigor. Sin embargo, a menudo un libro es una forma de comunicarse unidireccionalmente: uno lee lo que otro escribió, con escasas oportunidades de lanzar preguntas, plantear dudas, críticas..., salvo que se escriba otro libro. Un libro puede ser un buen punto de partida para iniciarse en un tema de calado social y que requiere de movilización, también. No bastaría sólo con leerlo para apaciguar un estéril interés intelectual si ello no nos cambia de alguna manera (otro Gabriel lo dijo mejor). Y qué mejor manera de hacerlo que teniendo la ocasión de charlar con el propio autor del mismo.

Dada la importancia del fenómeno de la inmigración en este tiempo que nos ha sido dado para vivir, la editorial ha querido traer a Gabriele del Grande para difundir más y mejor su libro Mamadou va a morir. En este mes de enero, coincidiendo con la publicación de este libro, Gabriele va a estar en Madrid, Sevilla, Gijón y Bilbao, por ejemplo. Aquí, en colaboración con el Observatorio Vasco de la Inmigración-Ikuspegi, desde la lib-litteraemundi, hemos organizado una presentación con el propio Gabriele del Grande. Será el 23 de enero, un viernes....

Y para ir conociendo un poco más el trabajo de esta persona, aquí podéis acceder al prólogo del libro. Asimismo, existe un informe elaborado por Fortress Europe que constituye el punto de partida del libro que presentamos (en castellano tenéis este resumen, en pdf, o este artículo en web). Y finalmente, en este enlace podéis conseguir un amplia visión del trabajo de Gabriele.

Os esperamos el próximo día 23 de enero

18.30 h Aula de la Experiencia de la UPV en Bilbao

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ALEGATOS CONTRA LAS GUERRAS

HOGUERAS EN LA LLANURA

Shohei Ooka

Libros del Asteroide, 2006

 

Mi agradecimiento, en primer lugar, a Libros del Asteroide por la publicación de este libro. Es la segunda novela japonesa que leo en torno a la Segunda Guerra Mundial y, en concreto, sobre la derrota japonesa en esta guerra. La Historia la escriben los vencedores, y si además tienen el respaldo de Hollywood, mucho más, así que normalmente hemos visto a los soldados japoneses de la II Guerra Mundial como meros extras en películas bélicas estadounidenses en las que mueren como moscas, y muy escasamente como individuos con sus propios principios, órdenes, aspiraciones, sentimientos y familias.

Hace un tiempo leí El Arpa Birmana, de Michio Takeyama (Ediciones del Viento, 2006). La derrota japonesa ante las tropas británicas en las selvas del Sudeste de Asia había dispersado por toda la jungla una gran multitud de cadáveres abandonados. El protagonista, tras resultar herido en un intento de salvar la vida de una compañía asediada que no quería rendirse a pesar del fin de la guerra, deambula por la selva como un monje bonzo y emprende la tarea de recuperar todos esos cuerpos y darles la sepultura que merecen. Porque a pesar de su muerte, a pesar de lo terrible e inhumano de su muerte (acosados, hambrientos, abandonados, enloquecidos), no dejan de ser seres humanos, hombres en toda su magnitud. La actuación de este soldado perdido restituye a estos seres humanos muertos su dignidad y de alguna manera, al contarlo, busca la reconciliación de la sociedad japonesa, de los que sobrevivieron con los que murieron, y no sin criticar la inutilidad y la responsabilidad de la guerra que les mató.

En Hogueras en la llanura, Shohei se convierte en uno de esos despojos humanos, muerto en vida, perdido, abandonado, acosado, enfermo y hambriento, enloquecido en las selvas de la isla filipina de Leyte. El propio escritor fui movilizado en 1944 en los últimos estertores de un país vencido y agotado, y combatió en la isla de Mindoro. Tal vez en un trasunto de sí mismo y de su propia vivencia en la guerra, el soldado Tamura deambula por Leyte después de ser desembarcado en la isla justo cuando los estadounidenses también lo hacen por el lado opuesto y con una potente ofensiva ocupan casi toda la isla, partiéndola en dos y dejando a numerosos soldados japoneses aislados de sus destacamentos y sus bases. Tamura es enviado al hospital de campaña aquejado de tuberculosis, expulsado de su compañía. Pero sin alimentos para sí mismo, en el hospital también es rechazado. Y los sucesivos ataques norteamericanos hacen que acabe solo sorteando las extrañas hogueras que aquí y allá se elevan por las praderas y colinas que atraviesa, precediendo a veces a los bombardeos y los aviones americanos. Su caminar por la jungla se convierte en un particular viaje al infierno de la desesperación, la soledad y la locura en el que Shohei nos lleva de la mano junto al soldado Tamura. Y comienzan las reflexiones, los soliloquios del soldado perdido en el mundo y en sí mismo: “¿Acaso no radica la sensación de estar vivos en esa presunción, inherente al hombre, de que podemos repetir indefinidamente aquello que estamos haciendo en cada momento?” (p. 18); “La muerte no era ya un concepto que me persiguiera sino una viva imagen que me iba pisando los talones” (p. 59). Y se suceden escenas y situaciones terribles en las que lo verdaderamente heroico es mantenerse cuerdo. Ante la escena de una aldea desierta junto a una playa en una cala tranquila y apacible, pero en la cual tan sólo hay cadáveres de soldados japoneses en descomposición y medio comidos por cuervos y perros, totalmente abandonada, Tamura rememora: “todavía hoy, desde una tranquila casa de Japón, mientras evoco en mi memoria aquellas escenas, siento arcadas. Sin embargo, en aquel entonces no experimenté nada. La náusea debe de ser un mecanismo de defensa que desencadena el propio egoísmo: uno, desde su confortable vida de ciudadano corriente, contempla como mero espectador la miseria ajena y, a falta de respuesta , deja que su estómago sea el que responda” (p. 104). La distancia con respecto a los hechos juzgados permite esa altura moral que provoca náuseas ante una escena tan terrible, pero en medio del infierno, uno no es cShohei Ookaonsciente de ello, y tan sólo acierto a pensar, a modo de escape, quizá, “Si se edificara aquí un hotel, seguro que se ponía de moda” (p. 108).

Tamura se reencuentra con otros soldados, todos intentando alcanzar el último reducto en manos del ejército japonés, desde el cual poder ser evacuados de aquella isla perdida. “La situación de los soldados había empeorado en poco tiempo, hasta el punto de que uno se podía cuestionar si lo que estaba viendo era realidad. Sus uniformes estaban desgarrados, sus botas rotas; los pelos y las barbas crecían a su aire... Y, en medio de sus pálidas caras, lo único que brillaba eran sus ojos. Esos ojos se abrían a sus compañeros y reconocían en ellos, a duras penas, a otros seres humanos” (p. 127). La presencia de la muerte es tan real en la penosa marcha que emprenden que Tamura piensa que “Si yo estaba con vida era simplemente porque aún no había muerto” (p. 166). Y solo de nuevo, fracasado el intento de atravesar las líneas estadounidenses, habiendo sobrevivido a las ametralladoras enemigas en medio de una ciénaga, huyendo de las guerrillas filipinas y de las hogueras que se multiplican a su paso por las colinas, enfrentado a la sospecha del canibalismo de algunos de sus compañeros de armas al ver cuerpos incompletos abandonados entre la maleza... Más aún, confrontado directamente con la el hambre atroz y el ofrecimiento de un oficial moribundo que encuentra por el camino para que se alimente de su propio cuerpo una vez muera, Tamura estalla en plena locura: “Habiendo matado a una persona inocente, me había quedado vedado el regresar al mundo de los vivos, pues creía que después de haber segado con mi mano el curso de una vida, me resultaría insufrible contemplar cómo vivían otros seres humanos” (p. 178). O quizá fuera un mecanismo de defensa más de la cultura: rechaza el ofrecimiento y decide no sólo no comerse al oficial que se le ofreció, sino que rechaza alimentarse de ningún otro animal; rechaza el tener que quitar una vida para mantener la suya, y así prosigue en un caminar sin rumbo apenas mordisqueando sin fuerzas las hierbas del suelo.

A punto de morir de hambre, Tamura se tiende sobre el lecho seco de un río, en medio de un hedor casi insoportable. Ve un pie humano limpiamente segado del resto del cuerpo. ¿Cómo llegó hasta allí? En esta situación es encontrado por Nagamatsu, que aún acompaña al viejo Yasuda. A cambio de un poco de tabaco Nagamatsu dice cazar monos de los que ambos se alimentan. Le da un poco de esa carne a Tamura, quien, sin embargo, tiene dudas sobre su procedencia. Pero ante el ofrecimiento de Nagamatsu, no lo piensa demasiado. Tras masticar débilmente un poco de esa carne seca, es como si la vida volviera a penetrar en su cuerpo. Sin embargo, cuando Nagamatsu vuelve a ir de caza Tamura descubre la realidad: los monos son otros seres humanos, otros soldados japoneses que, desorientados, aturdidos, derrotados, deambulan por los bosques. Así, se da de bruces con el lugar en el que Nagamatsu ha ido acumulando las partes incomibles de los cuerpos humanos de los que han venido alimentándose: manos, pies, cabezas, torsos... (pp. 207-208). El grado de locura a la que parecen haber llegado Nagamatsu y Yasuda ha eliminado toda reserva moral sobre la vida humana, que ya not tiene ningún valor especial sobre la de cualquier otro ser vivo. Los hombres son alimento para otros hombres y sobrevivirá el más fuerte. Si Nagamatsu respetó la vida de Tamura es porque le necesitaba para deshacerse del viejo Yasuda que le tenía atrapado con su tabaco. Salta el conflicto, vuela una granada y “... un fragmento desprendido de la explosión me alcanzó en el hombro y me arrancó un poco de carne. Limpié aquel trocito de El Arpa Birmana, de Michio Takeyamacarne del barro que se le había pegado en el suelo y, sin pensarlo, me lo metí en la boca” (p. 211). Tamura volverá a matar, y de nuevo solo y con un fusil en las manos, abandona aquel bosque y... su memoria se pierde. Despierta en un hospital de las tropas estadounidenses; tiempo después es repatriado; ingresará en un sanatorio mental, y desde allí, a la vista de los pinos rojos, llameantes a la luz del sol poniente, escribe sus recuerdos. O quizá sea el propio Shohei escribiendo esta novela... Una última reflexión, “En el espacio de nuestra vida que queda comprendido entre el azar de nuestro nacimiento y el azar de nuestra muerte, solemos mostrar los escasos sucesos acaecidos como una manifestación de lo que llamamos nuestra voluntad. Y como resultado, al elemento que da consistencia a esa sarta de sucesos lo denominamos nuestro carácter o nuestra vida. Así nos sentimos reconfortados, pero en realidad no nos queda otro remedio que pensar así”. (p. 221), sobre lo efímero e inconsistente de la existencia humana precede, sin embargo, aun final abierto a la esperanza y la confianza en la fortaleza del ser humano y de su vida. ¿Acaso hay un Dios que ha dispuesto que las cosas sucedieran así? ¿Acaso hay un destino que ha elegido a Tamura para que sobreviviera?

Otro aspecto sorprendente de esta obra es lo temprana que fue. Ooka publicó Hogueras en la llanura (Nobi) en 1951, apenas 6 años después de la absoluta derrota de Japón y cuando el país todavía no había iniciado el trepidante ritmo de cambios y reconstrucción que conocemos. Pero Michio Takeyama fue incluso más madrugador, ya que en 1947 escribía El Arpa Birmana. Me parece algo sorprendente porque en Europa no se dio algo similar respecto del Nazismo o del propio Holocausto de los judíos europeos, por ejemplo. Las primeras obras que tratan de analizar y revisar la derrota alemana, la destrucción del país, la curación de la profundas cicatrices que la división del país supuso, etc., ha tardado décadas en llegar, y todavía hoy son polémicas obras como la película El Hundimiento, de hace un par de años. BAste ver, además, lo que han tardado en ser editadas en castellano. Creo que estas dos novelas mencionadas fueron realmente valientes y oportunas porque tratan de recuperar la humanidad de un pueblo, el japonés, abrumado por las acusaciones de barbaridades y atrocidades cometidas por su ejército en los países que ocuparon, como las propias Filipinas, China o Birmania; totalmente derrotado, destruido, con bombas atómicas sobre su territorio; humillado y desorientado tras el reconocimiento de la no Fotograma de la película El Arpa Birmana, de Ichikawadivinidad de su Emperador. 1945 es un auténtico punto y aparte en la historia de Japón. Supone también la necesidad de un nuevo comienzo, pero cómo afrontarlo con los miles de soldados desaparecidos, los heridos y discapacitados, los enloquecidos, etc. Si Takeyama trata de reconfortar a una sociedad aturdida recobrando la dignidad humana de unos soldados muertos y abandonados en lugares lejanos, Ooka concluye su reflexión sobre Tamura dando gracias a Dios porque aquel infierno de la guerra acabó y porque en medio de la locura, ciertos principios éticos y una moral que podría decirse natural, se impuso a los instintos más animales. Los soldados japoneses, el pueblo japonés, pese a todo, era humano, merecían vivir entre los vivos, tenían una nueva oportunidad.

En 1956 la novela de Takeyama fue llevada al cine por Ichikawa, que en 1959 continuó con la obra de Ooka. Realmente fueron novelas relevantes en su tiempo.

ENSEÑANDO EL ISLAM

Leído en El Correo, lo que debería ser una buena noticia porque es normalidad.

ACTIVIDADES EN LIB-LITTERAEMUNDI

 

 

 

 

 

Cuentos de Navidad en Inglaterra

 

Christmas Tales in Britain

 

Saturday 20, December

11.30 in the morning

 

Christmas tales from Britain, Santa and the Grinch, Good and Evil coming from the Cold

Sábado 20 de diciembre

11.30 de la mañana

 

Cuentos de Navidad de Inglaterra, Santa y el Grinch, el Bien y el Mal que vienen del Frío

 

(imprimir cartel)

 

 

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