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CURANDO HERIDAS

Título: EL ARPA BIRMANA

Autor: Michio Takeyama

Editorial: Ediciones del Viento

ISBN: 978-84-933001-6-6

Precio: 17,50 €

Materia: Literatura japonesa

"No puedo dejar de reflexionar sobre lo que hay. Cuando ahora leo periódicos y revistas, no salgo de mi asombro. Abunda la gente ensoberbecida que va por ahí censurando a los demás, sin detenerse ante la calumnia. 'Ese tío ha tenido la culpa, por eso nos va como nos va.' Así sentencian de todo, creyéndose ellos más que nadie, justo con la arrogancia de un país que hubiera triunfado en la guerra. No obstante, la mayoría de los que dicen tales cosas, son gente que no se ha destacado en particular por su actitud durante la contienda. Gente que ahora dirá lo que quiera, pero que en realidad se puede permitir unos lujos en modo de vida y demás, que están vedados al resto de sus compatriotas.

Por otra parte, hay personas como aquel veterano, que nunca salen de su situación. Siempre están trabajando en silencio. La gente encumbrada suele decir que ese silencio es intolerable, pero yo en realidad lo considero muy superior a la actitud de los que se pasan las horas defendiendo a voz en grito sus propios intereses por todas partes. Por muy caótico que nos parezca el estado del mundo, siempre hay personas que trabajan muy calladas y sin llamar la atención de nadie. Y ¿no son estas personas precisamente las que constituyen la nación? ¿No es cierto que cuantas más sean estas personas, tantas más posibilidades tendrá el país de levantarse; y que si estas son pocas, la patria no podrá rehacerse?”.

Así escribía Michio Takeyama hacia el final y conclusión de su novela, gestada en 1946 y empezada a publicar, seriada, en la revista Akatombo (Libélula Roja) en octubre de 1947. Su labor curativa y de reconciliación de todo el Japón con su reciente historia de muerte y destrucción, chocó con una censura contra todo aquello que hablara de una guerra que se había perdido con la más absoluta de las derrotas. Cientos de miles de jóvenes japoneses habían perdido sus vidas en tierras bien lejanas, y ni sus restos habían regresado para que sus familiares pudieran celebrar sus funerales. Esto y el ambiente de derrota, de destrucción y de abatimiento del país, que seguía recibiendo soldados repatriados en lastimosas condiciones, afligía a Takeyama y le inspiró esta novela.

En El Arpa Birmana lo primero que llama la atención es la existencia de una compañía capitaneada por un músico y que compone un vistoso coro, que ahora se ve obligada a huir por la selva de Birmania. Mizushima, el cabo, sabe tocar el arpa birmana, hecha de bambúes, y con ella y su habilidad para pasar por un bonzo budista, se adelanta a sus compañeros y con su música les advierte de la presencia de sus perseguidores ingleses.

Al final, acorralados, dispuestos a vender cara su vida, cantan a coro mientras organizan disimuladamente su última defensa. Pero convencidos ya de la derrota de su país, se rinden con el único pensamiento de regresar cuanto antes para trabajar por la reconstrucción del Japón. ¿Qué es más valiente?

En un monte cercano, otra compañía optó por resistir hasta el final. Los códigos del honor y la valentía militares les imponen morir antes que entregarse al enemigo, aunque no haya esperanza alguna, aunque ya no tenga sentido su sacrificio. Mizushima es enviado a convencerles, pero tras cumplir su misión, sus compañeros, prisioneros en la ciudad de Mudón, no saben nada de él, y así su coro no está completo. El valor del compañerismo y la amistad les hace ver a Mizushima en aquel bonzo que de vez en cuando se acerca hasta su campamento, con un guacamayo azul sobre su hombro.

Casi un año después, los vencedores ingleses, tras recuperar de las junglas los restos de sus soldados caídos, celebran unos funerales para honrar su entrega. Entre la comitiva, el bonzo que se parece a Mizushima, porta una cajita envuelta en un pañuelo blanco y colgada al cuello, a la usanza japonesa, y la deposita en el mausoleo que sirve de reposo a los soldados muertos.

Mizushima, que fue acusado por los de aquella aguerrida compañía que quería resistir a toda costa de cobarde, hace el sacrificio mayor: permanecerá en Birmania, como monje budista, recogiendo los restos de sus compañeros japoneses, abandonados en la huida y la derrota, para darles la merecida y honrosa sepultura de la que su sacrificio les hace merecedores.

Takeyama, frente a quienes vociferan los valores y el honor de una patria que se niega a mirar a su pasado reciente y que prohíbe hablar y escribir sobre una guerra perdida, ensalza la opción humilde y silenciosa de quien se queda atrás para honrar a los olvidados y desconocidos caídos, y de quienes, derrotados, mantienen alta la moral, cantando y dispuestos a trabajar por la reconstrucción. Porque la vida continúa.

En 2007, esta reflexión, tan lejos del Japón, ¡qué actual que parece!

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2 comentarios

litteraemundi -

Gracias. Es un placer saberse leido. Iremos añadiendo más de estas reseñas personales. Un saludo, Fernando. Y ánimos para los piratas.

Fernando -

Vive Dios que es impresionante la cita del inicio.
Gracias, David.
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