LADRONES JUBILADOS
ABU GOLAYYEL, HAMDI
DeParis Edicions, 2009
14,00 €
Hace ya un mes organizamos en la lib-litteraemundi una lectura en público. Decidimos que para presentar un libro, una novela, y tentaros a su lectura, mejor que una señoreada charla sería acercaros una pequeña muestra de lo que podríais encontarros entre sus páginas si teníais el suficiente arrojo y valor de poneros a leerlo. Porque leer es una aventura, lo sabéis, ¿no?. Yo he vivido esta aventura de mano de Hamdi con las polvorientas calles de Manshiat Nasser, un barrio obrero de El Cairo. Y no se me ocurre ahora tampoco mejor forma de contaros lo que me he encontrado leyendo estas páginas que reproduciendo algunos fragmentos, los que su editora, Mertxe, seleccionó para nuestra lectura en público. Aquí va la primera entrega, que irá teniendo su continuidad durante los próximos días:
Suponte, por un momento, que vivieses las peripecias de un personaje de novela. Y, mira tú por donde, resulta que este personaje sabe aprovecharse a la perfección de tus dotes de pícaro y embustero. Además, es un maestro en el arte de saludar con efusividad a la gente que precisamente tú más odias. Entonces, y sólo entonces, se te permitirá subir de golpe al escenario de una rara experiencia de la cual podrás presumir, pues los héroes de los libros realizan unos trucos sorprendentes que no se pueden llevar a cabo fuera de los límites de esa hoja de papel que cayó por casualidad —o tal vez fuera a propósito— en el escritorio de un tipo concentrado en fumarse un cigarrillo aliñado y acompañado por un vaso de té, seguramente sin azúcar. Este hombre no encuentra otra cosa para evadirse del aburrimiento que inventar personajes, aunque siempre le salen flojillos y exagerados. Sin embargo, resultan útiles a la hora de buscar soluciones a tus asuntos espinosos —¡qué no son pocos!—, y son capaces de lanzarse a vivir una apasionante aventura desbordante de sentimientos expuestos a un escandaloso desnudo que sólo las personas inteligentes sabrán apreciar… Una aventura en la que te acercarás a tus enemigos para ganarte su amistad, en la que un simple apretón de manos se convertirá en un acto sublime y heroico que quedará impreso en tu memoria para siempre. Si pudieras observar con qué desprecio coges aire tras estrechar la mano de alguien a quien detestas de todo corazón, te darías cuenta de cuánto pasas de la gente que te rodea y de que te olvidas, o mejor dicho, te desdeñas de saludar a tus amigos. Y es que, por naturaleza, las obligaciones no tardan en amontonarse en ese amasijo de cosas que, por muy pesadas que nos resultan, no paramos de repetir.








Mi vida en la Maleza de los Fantasmas es la historia de un niño que se pierde en la selva, entrando en la Maleza de los Fantasmas, un mundo paralelo, como otra dimensión, en la que habitan los fantasmas, seres sobrenaturales, muertos a destiempo que sin embargo todavía no han dado el paso a la Ciudad de los Muertos; es decir, muertos, pero no del todo. Como único ser terrenal en este reino de fantasmas es tratado con brutalidad la mayoría de las veces, tomado como esclavo, golpeado y obligado a trabajar para distintos fantasmas de los que consecutivamente huye para acabar en manos de otro. Así, mientras intenta encontrar el camino a su pueblo, recorre los numerosos pueblos de la Maleza de los Fantasmas, en una reproducción casi exacta de la sociedad terrenal, dividida en pueblos o tribus, con un rey, una población principal, aldeas dependientes..., con comercio entre los distintos pueblos, guerras, fiestas, encuentros, familias, matrimonios..., y con muerte. Los fantasmas no pueden morir; en realidad ya están muertos, pero curiosamente se pueden matar. A diferencia de lo que en Europa conocemos como fantasma, en esta maleza africana tienen carne y hueso, habitan sus casas, se casan y tienen hijos. Hay un pasaje en el Evangelio según S. Juan que define lo que en nuestra cultura cristina es un fantasma: "no soy un fantasma porque no tengo carne hueso" (Jn 20, 19-31). Sin embargo, esto no encaja en la novela de Tutuola. La tradición que refleja en sus historias, no sólo en esta, tiene mucho más que ver con los cuentos de los griots, las leyendas mitológicas de sus mayores y con las creencias anteriores de esta parte de África que con los principios proclamados por los misioneros anglicanos. 