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LA LITERATURA QUE VIENE... PISANDO FUERTE

Inmigración y literatura no son dos conceptos que unamos fácilmente en nuestras cabezas. Los inmigrantes son los que trabajan en los bares, en las casas, en la construcción... Pero, ¿escritores? Es una de esas extrañas paradojas de nuestra forma diferente de juzgar la realidad. Por lo mismo que los futbolistas extranjeros tampoco son inmigrantes, los músicos y artistas extranjeros ensanchan sus horizontes y enriquecen nuestra oferta cultural, resulta que los escritores, y escritoras, tampoco son inmigrantes. Sin embargo, surge todo un género, una manera de escribir y unos temas muy concretos que coinciden en toda una ya larga serie de escritores y escritoras que se expresan en lenguas europeas, residen en Europa (las antiguas metrópolis) o en EE. UU., pero que proceden de países como India, China, Nigeria, Sudáfrica, Ghana, Costa de Marfil, Egipto, Marruecos, o, como el último premio Goncourt de las letras francesas, Afganistán. Tendemos a englobarlos en la literatura estadounidense, la británica, la francesa o la española, por ejemplo. Posiblemente ellos mismos se vean más en esa etiqueta amplia, pero lo cierto es que entre ellos hay coincidencias que les diferencian de otros escritores y escritoras con las que conviven en sus nuevos países de residencia: miran constantemente a esas raíces propias y distintivas, incluso cuando ya no han nacido en aquellos países de donde emigraron sus padres. Hablan del drama de las identidades cruzadas, confusas, múltiples de quien es rechazado como extranjero en el lugar donde vive, y también en la tierra de sus padres. A veces nos hemos inventado etiquetas nuevas: escritores anglo-indios, franco-vietnamitas, sino-americanos, etc.

Pero el caso es que estos escritores, y escritoras, están ahí y con gran fuerza. Sus historias son nuevas en un Occidente al que le cuesta generar nuevas historias, diferentes, novedosas, originales. Sus narraciones a veces no encajan perfectamente con el canon novelístico, lo que lejos de perjudicarles les aporta una estética diferente. Estilos limpios, sencillos, directos, que beben de otros géneros, como las narraciones orales o la poesía.

Una prueba de todo ello: el Booker 2006 para Kiran Desai, una escritora india jovencísima en el ranking de este prestigiosos premio literario británico. En 2008 lo ha ganado Aravind Ariga, otro joven escritor británico de origen indio, y además con su opera prima, The White Tigre.

Y ayer, el afgano Atiq Rahimi, residente en Francia, en cuyo idioma ha escrito la novela con la que ha sido reconocido con el premio Goncourt: Syngué Sabour: Pierre de Patience. Un gran reconocimiento para toda una serie de nuevos narradores en un encorsetado y elitista panorama literario europeo.

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