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ANTE UNA NUEVA GUERRA, RECORDANDO...

Hace ya 63 años que la II Guerra Mundial terminó y que la pesadilla del Holocausto fue descubierta por todo el mundo. Desde entonces se ha hablado mucho, se ha investigado, se ha escrito y se ha filmado mucho sobre este tema. De hecho, puede hablarse, a nivel literario, de una especie de género, una etiqueta, denominado "literatura del Holocauto". Se lo oí por primera vez a Josune Muñoz, en sus clases de literatura en Skolastika, en las que hablaba de una "literatura de las cicatrices", de esa forma que tienen los seres humanos de purgar sus fantasmas, miedos, angustias; el pesado lleno de malos recuerdos y peores sucesos, por medio de la escritura. Algo que comienza con testimonios directos y personales, para sacar de dentro unos recuerdos atemorizantes, para mostrar y denunciar ante el mundo una realidad escondida e hiriente; continúa después con biografías y testimonios novelados en los que se empieza a analizar, a reflexionar sobre una realidad que ya comienza a tomar cierta distancia; finalmente llega la ficción, que busca directamente la reflexión y la emoción. Así como en las dos primeras fases los autores y autoras de las historias narradas son testigos directos, supervivientes d los campos de concentración, a veces con las mediaciones y ayudas de otras personas, en la última fase escriben personas totalmente ajenas a esa realidad. de forma directa. A veces son descendientes de las víctimas de los campos de exterminio, procedentes de las mismas comunidades, o simplemente personas sensibilizadas con lo que supuso el Holocausto de los judíos en Europa (especialmente de los judíos, aunque que no fueran las únicas víctimas). El caso es que en los últimos meses se han publicado una serie de libros en España que vuelven sobre el tema del Holocausto, desde historias de ficción, completamente, que no se basan en sucesos reales, contrastados, a partir del testimonio de ningún superviviente. Son historias inventadas por sus autores y autoras como reflexión, recreación de unas situaciones históricas, en busca de una emotividad que pretende, cuando menos, rescatar del olvido lo que sucedió durante los años de dominio nazi en Europa, y plantar una semilla de reflexión sobre aquellos hechos.

Hablamos, por ejemplo, de La llave de Sarah, de El niño con el pijama de rayas  (también publicado en euskera Pijama marradunaz jantzitako mutila) o de Una vez. Todo el mundo merece que le ocurra algo bueno en la vida. Tres libros que tienen en común haber sido publicados entre el 2006 y el 2008, por escritores (Tatiana de Rosnay, francesa; John Boyne, irlandés; y Morris Gleitzman, inglés de ascendencia polaca) demasiado jóvenes para a ver conocido el Holocausto en directo. En cuanto a las historias, en las tres el protagonismo corresponde a niños, una mirada desde la inocencia, la incredulidad y la incomprensión de lo que sucede a su alrededor. En el primer caso, se mezclan la investigación de una periodista en 2002 con las vivencias de una niña judía de París que en 1942 fue detenida en una redada, no antes de esconder a su hermano Michel en un armario, bajo llave. Sus intentos por regresar a casa cuanto antes, cuando son confinados en París y después enviados a un campo de concentración, añaden dramatismo y suspense a la investigación de la periodista, quien reconstruye el itinerario de Sarah para dar con su hermano, llegando con ella a la casa de la familia de su marido. Pasado y presente se comunican, y los sucesos de hace 60 años tienen sus consecuencias en nuestro mundo.

En El niño con el pijama de rayas lo atractivo y novedoso del tratamiento del Holocausto es que el protagonista de la historia es un niño alemán, Bruno, el hijo del comandante del campo de exterminio de Auschwitz, quien hasta hace poco había vivido cómodamente, como cualquier otro niño de su edad, en una zona acomodada de Berlín, jugando con sus tres mejores amigos para toda la vida. Sin saber gran cosa sobre la guerra que se libraba lejos de allí, en la que luchaba su padre, por quien sentía un natural orgullo, es arrancado de su entrono para trasladarse con toda la familia al campo donde "trabaja" ahora su padre. Si nada sabía de la guerra,  menos aún de los campos de exterminio, y cuando descubre a la gente que vive al otro lado de la casa, tras una alambrada, y que viste toda igual, con un pijama de rayas, lo único que le viene a la cabeza es la gran aventura de descubrimiento que se abre ante él. Así comienza una serie de excursiones a lo largo de la alambrada, entre los árboles, cada día un poco más lejos, hasta que se encuentra con Shmuel, otro niño, de los del otro lado de la valla, de los que visten ese curioso pijama de rayas. Las conversaciones entre ambos darán lugar a una amistad entre ellos, pero sobre todo recrean una forma de ver lo que estaba sucediendo completamente inusual. Alejada de sesudas reflexiones y denuncias morales, la mirada de estos niños habla del "trabajo" que los padres de uno y otro realizan en su lado de la alambrada, de lo distintos que son sus mundos, pero lo iguales que son sus preocupaciones, inquietudes, problemas, juegos, amigos, relaciones, miedos... Y todo ello con una forma de narrar muy parecida a la que puede tener un niño. No en vano, el protagonista es un niño y es a través de su forma de ver y explicar el mundo como está narrada esta novela.

La última en llegar a las librerías, de momento, es Una vez. Todo el mundo merece que le ocurra algo bueno en la vida. Félix es su protagonista, otro niño, esta vez judío, internado en un orfanato católico en Polonia, aunque él sabe que sus padres no están muertos. lo que ocurre es que los alemanes han ocupado el país y persiguen a todos los judíos. Pese a los riesgos, decide escaparse para buscar a sus padres, y para sobrevivir inventa historias. Así, la novela tiene un punto de dulzura infantil porque, al igual que el libro de John Boyne, quien ve y explica el mundo es un niño de 10 años, lo que no quita que lo que ve y tiene que contar sea de una dureza extrema. De esta forma, Gleitzman ha conseguido una historia más cercana a las víctimas del Holocausto, más cruda y brutal, pero en la que caben la ingenuidad, la fantasía y, sobre todo, la esperanza.

Ahora se anuncia para este otoño el estreno de la versión cinematográfica de El niño con el pijama de rayas. Es evidente que la herida que se ahondó en Europa con el Holocausto de los judíos (y tantos otros) a manos de los Nazis y su demencial ideología aún no se ha cerrado. Va cicatrizando, pero todavía late y sangra. Espero que el maquillaje y la cirugía estética del cine no la tapen del todo ni la hagan desaparecer, para que no nos olvidemos de que está ahí.

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