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¡QUE VIENE EL LIBRO ELECTRÓNICO!

Nos está costando bastante hacernos a la idea y admitir que en el mundo de los libros se avecinan cambios. La tecnología también llega a las letras. Si nuestros primeros registros escritos se cree que se plasmaron en tablillas de arcilla (las que nos han llegado hasta nuestros días), los últimos que hemos creado, como esto mimos que lees, se descomponen en millones de pequeños impulsos eléctricos que, por no sé qué "mágicos" procesos, se manifiestan sobre una pantalla de ordenador (y quien dice ordenador ya hoy en día puede decir TV, teléfono móvil, iPhone, iPod y no sé cuántas cosas más que tengan una pequeña pantalla). Pero lo cierto es que esto es así.

El pasado otoño, el CCCB de Barcelona celebraba su Festival de la Literatura, Kosmopolis, en el que montaron una exposición que hablaba de la enorme diversidad, en cuanto a formatos, de la literatura. Ésta no se limita a los libros, los clásicos, los que tenemos en casa llenando estanterías o calzando mesas (de todo hay), en papel y encuadernados de una u otra forma. La literatura también se manifiesta y difunde en las letras musicales o en el cine, por ejemplo; y en la oralidad de los narradores tanto o más como en la pluma (o el teclado, aunque suene menos romántico) de los escritores. Kosmotica hacía un recorrido interesante por todas estas formas en las que la literatura se ha expresado.

Y ahora llega el libro electrónico. Via Javier Celaya y la revista cultural dosdoce, me he encontrado con un interesante artículo a propósito de los planes de Google para digitalizar y comercializar libros en principio descatalogados fuera del mercado habitual o difíciles ya de conseguir. Recomiendo su lectura.

Pero aún hay más. Entre los enlaces que expanden este artículo hay uno que hace referencia al libro electrónico y su relación con las librerías. Hasta ahora el debate de los libros electrónicos se está manteniendo en el campo de las tecnologías (¿existen dispositivos que permitan leer textos amplios con comodidad y sin los perjuicios a la vista de los monitores generalizados hasta el momento? ¿Y que sean portátiles, versátiles y asequibles?) o en el jurídico de los derechos de autor. Si un libro se digitaliza y pasa del soporte papel al electrónico, entonces puede copiarse, difundirse y distribuirse con mucha más facilidad que antes, y podría hacerlo de forma incontrolada por internet. Ese es el principal miedo de autores y editores (lo que pasó con la música o el cine) ¿Cómo salvaguardar esos derechos de propiedad intelectual y el negocio correspondiente?

El segundo artículo que me he encontrado esta tarde mira a las librerías. Google es una línea de negocio con el libro electrónico basada en internet y en la potencia de sus buscadores, pero no es la única. Y no debería serlo, sobre todo, de la misma manera que no existe una única editorial ni distribuidor ni librería. Si el libro electrónico es, ante todo, un libro, debería tener su espacio y tratamiento en las librerías. Con la particularidad de que para acceder al contenido necesitamos la mediación de un aparato electrónico, que en el caso de los dispositivos recién llegados también deberían ser considerados como parte de esos libros, y por lo tanto, presentes en las librerías. Lo demás, si están o no, los dispositivos y los contenidos, en otro tipo de negocios, reproduce otra vieja pelea de las librerías por defender su espacio comercial frente a modelos de grandes superficies generalistas. La pega en esta lucha es que los supuestos aliados naturales, las editoriales, a veces se alinean con el rival comercial, la gran superficie generalista, atendiendo antes y en mejores condiciones sus demandas que las de las librerías medianas y pequeñas. Si esto pasa con el libro tradicional, ¿qué puede ocurrir con el electrónico y las estrategias digitales y en internet de cada editorial?

Debemos potenciar lo que diferencia y hace mejor, en mi opinión de librero, a una librería frente a esos otros lugares de venta de libros (y de lo que se tercie), lo que hace que aportemos un valor añadido que además no repercute en el precio final del libro (como ocurre en otros sectores). Y eso lo aportan la especialización, el asesoramiento, la selección. Google tal vez lo pretenda y se acerque a ello, pero en general es imposible abarcar toda la inmensa producción escrita que existe, ni siquiera en las novedades puras y duras. Tampoco un librero, por bueno que sea, podrá hacer una selección sobre el total de lo publicado. Pero una selección concienzuda y deliberada puede aportar una garantía de calidad que no se encuentra de otra forma. Y esto que se da en los libros en papel hay que trasladarlo a los nuevos formatos. Si, como dice Javier Celaya, y también Google, la digitalización de los fondos editoriales debe ser una parte estratégica en las actuaciones de los editores, la colaboración con las librerías para distribuir y comercializar estos nuevos soportes, también y con mucho más sentido que el de arrojarse a los brazos de Google y sus subvenciones para digitalizar masivamente.

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