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MARKETING, LIBROS, EDITORES Y LIBRERÍAS (II)

Hoy es un día fructífero en noticias relacionadas con librerías. En otro de nuestros medios de comunicación más difundidos, el Deia , publican hoy la noticia del Librero de Kabul. Un contraste más que notable con los protagonistas de las noticias de la entrada anterior. A veces las noticias que nos llegan de determinados países nos hacen impensable que algo como una librería pueda existir en ellos. Pero las hay, al menos en las capitales.

Sin embargo, hay algo más en común entre el tono de la noticia comentada anteriormente y esta que señala aquí. En una parte del artículo del Deia se cita a Sha Muhammad Raís, que dice que en el asolado Afganistán, la mitad de la población tiene ya coche y móvil, concluyendo que la situación económica de esa parte de la población, al menos, no es tan precaria; pero que, en contraste, son pocos los que saben leer y menos los que quieren aprender. Cuando más se identifica el conocimiento, la cultura y la educación con las posibilidades de progreso, a nivel personal o de todo un país, más cuesta sacar adelante proyectos centrados en esa cultura y educación. Otro efecto, no de los mejores, de la globalización es la expansión del consumismo, de la ardiente necesidad de objetos, posesiones materiales para formar parte de un mercado, el laboral, del que depende absolutamente nuestra supervivencia física, y para sentirnos "alguien" en medio de la colectividad (bueno, en realidad esto proviene de mucho más lejos). Tanto en Occidente como en Afganistán, prima la mercantilización de cuanto nos rodea, y algo que añade inequívocamente valor a un producto es que no nos obligue a esfuerzos. La lectura, los libros, por el momento, no están posicionados muy bien: leer requiere un esfuerzo, y no sólo del bolsillo.

El librero de Kabul lo tiene muy claro, la lectura, la cultura, contribuirá tanto o más como la libre comunicación que permiten los teléfonos móviles para el progreso y la autonomía de sus vecinos afganos. Este año, su "tienducha" del centro de Kabul se hará móvil también y difundirá el valor y el placer de la lectura más allá de las élites de la capital que pueden permitirse comprar y leer libros. Recorrerá Afganistán con un autobús transformado en librería ambulante. Un esfuerzo menos que tendrán que realizar sus lectores. ¡Animo y suerte!

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