| Estadisticas Gratis |
litteraemundi |
![]()
Blog intercultural y sobre interculturalidad. Éste es un espacio abierto
a las relaciones culturales, para hablar, debatir y compartir en torno a
la diversidad de culturas en el mundo.
|
||||
Temas
Crea tu insignia
|
Se muestran los artículos pertenecientes a Julio de 2009.
ABU GOLAYYEL, HAMDI DeParis Edicions, 2009 14,00 € Hace ya un mes organizamos en la lib-litteraemundi una lectura en público. Decidimos que para presentar un libro, una novela, y tentaros a su lectura, mejor que una señoreada charla sería acercaros una pequeña muestra de lo que podríais encontarros entre sus páginas si teníais el suficiente arrojo y valor de poneros a leerlo. Porque leer es una aventura, lo sabéis, ¿no?. Yo he vivido esta aventura de mano de Hamdi con las polvorientas calles de Manshiat Nasser, un barrio obrero de El Cairo. Y no se me ocurre ahora tampoco mejor forma de contaros lo que me he encontrado leyendo estas páginas que reproduciendo algunos fragmentos, los que su editora, Mertxe, seleccionó para nuestra lectura en público. Aquí va la primera entrega, que irá teniendo su continuidad durante los próximos días: Suponte, por un momento, que vivieses las peripecias de un personaje de novela. Y, mira tú por donde, resulta que este personaje sabe aprovecharse a la perfección de tus dotes de pícaro y embustero. Además, es un maestro en el arte de saludar con efusividad a la gente que precisamente tú más odias. Entonces, y sólo entonces, se te permitirá subir de golpe al escenario de una rara experiencia de la cual podrás presumir, pues los héroes de los libros realizan unos trucos sorprendentes que no se pueden llevar a cabo fuera de los límites de esa hoja de papel que cayó por casualidad —o tal vez fuera a propósito— en el escritorio de un tipo concentrado en fumarse un cigarrillo aliñado y acompañado por un vaso de té, seguramente sin azúcar. Este hombre no encuentra otra cosa para evadirse del aburrimiento que inventar personajes, aunque siempre le salen flojillos y exagerados. Sin embargo, resultan útiles a la hora de buscar soluciones a tus asuntos espinosos —¡qué no son pocos!—, y son capaces de lanzarse a vivir una apasionante aventura desbordante de sentimientos expuestos a un escandaloso desnudo que sólo las personas inteligentes sabrán apreciar… Una aventura en la que te acercarás a tus enemigos para ganarte su amistad, en la que un simple apretón de manos se convertirá en un acto sublime y heroico que quedará impreso en tu memoria para siempre. Si pudieras observar con qué desprecio coges aire tras estrechar la mano de alguien a quien detestas de todo corazón, te darías cuenta de cuánto pasas de la gente que te rodea y de que te olvidas, o mejor dicho, te desdeñas de saludar a tus amigos. Y es que, por naturaleza, las obligaciones no tardan en amontonarse en ese amasijo de cosas que, por muy pesadas que nos resultan, no paramos de repetir. Estos últimos días he leído a todo un clásico de la ciencia-ficción. ¡Hacía siglos que no leía una novela así! ¡Con las que devoraba hace unos años! Un poco alejadas de las últimas lecturas que he afrontado, Némesis, de Isaac Asimov, me ha sorprendido con una lectura casi compulsiva y una imaginación excitada. Sin embargo, ante el cruce de noticias y rumores acerca de los cambios que se avecinan sobre el mundo de los libros cual una némesis despiadada, me ha llamado poderosamente la atención un breve párrafo: Fisher no era de esas personas que conceptuaban el libro como una abominación del siglo XX, para las que sólo el medio audiovisual era civilizado. Sostener un libro, pensaba él, la acción de volver sus páginas, la capacidad para perderse en reflexiones sobre los que acabas de leer e incluso dormitar y despabilarte, sin encontrarte, un centenar de páginas más allá como ocurre con una película, o cerca ya del fin, tenía algo de trascendental. Fisher opinaba que el libro era la más civilizada de las dos modalidades. Corre el año 2225, la Humanidad vive desperdigada en Establecimientos espaciales por medio Sistema Solar; uno de ellos ha desarrollado una técnica para viajar a casi la velocidad de la luz y ha emprendido la aventura de instalarse en otro sistema estelar, en Némesis, a dos años luz de distancia. En la Tierra están a punto de ir más allá y desarrollar los viajes superlumínicos, a varias veces la velocidad de la luz. La gente ve películas en holovisión, trabaja constantemente con computadoras (no meros ordenadores)... Pero siguen leyendo libros, de los que se sostienen entre las manos, se pasan las páginas, te cubren la cara para dormitar o se caen sobre el regazo cuando das una cabezada. Por otra parte, leer seguirá teniendo el mismo problema: no será esa primera opción de ocio. En aquel día de asueto, "incluso había leído un libro". ¡Cómo se arrastra ese "incluso"! Como todos los veranos, muchas familias de nuestro entorno acogen a niños y niñas saharauis que vienen a Europa a tomarse unas "vacaciones" de las duras condiciones de vida en los campos de refugiados en el desierto del Sáhara. Los saharauis, pese a esta precariedad actual, conservan una riqueza cultural digna de admirar. Supervivientes en las arenas del desierto, adaptados a unas duras condiciones de vida que apenas han variado pese a la evidente transformación tecnológica del mundo que nos rodea. Sus cuentos, leyendas e historias nos hablan de otros tiempos, de otras formas, de otras gentes que bregaron con el desierto, cuando éste era el centro del mundo conocido, SU MUNDO. 18 de julio, 12.00 h SESIÓN DE CUENTOS SAHARAUIS Fatma Galia nos transportará con sus cuentos hasta el desierto, por las historias y por la lengua. Os invitamos a una sesión especial de cuentos en hassaniya y en castellano. Porque contar cuentos es mucho más que la historia que se cuenta; es también el ritmo de la narración, el sonido de las palabras, el idioma en se se cuenta. Síguenos en facebook Lib-LitteraeMundi liburudendan itxaroten zaitugu, Dos de Mayo kalean, Bilbon Te esperamos en la librería Lib-LitteraeMundi, en la calle Dos de Mayo de Bilbao Tel.: 944163869 Mail: info@libreriaintercultural.com <<Ojalá no me cruce con nadie>>, pensé. Ojalá no me encuentre con Abu Gamal, repanchigado como de costumbre en su silla de mimbre frente al portal, al acecho de gente a la que saludar. No estoy de buen humor y lo último que me apetece es ponerme a soltar la retahíla de saludos adornados con manifestaciones de alegría con los que le agasajo a diario, con una maestría directamente proporcional al miedo que este hombre me inspira. Acabo de salir de un atasco tremendo. El tráfico estaba parado debido a que un alto cargo inauguraba una gran obra pública. Parece que el político ha querido convencer a los ciudadanos de la importancia de tal acto cortando la circulación durante toda la ceremonia. Hay que reconocer que resultó una estratagema inteligente, pues la obra en cuestión recibió una serie de insultos que incluso alcanzaron a otros proyectos y personalidades públicas. Sea como fuere, la inauguración de hoy anduvo en boca de toda la ciudad. Por si el atasco fuera poco, he tenido también problemas en el trabajo. Este malestar laboral es la consecuencia natural de mis propios errores, enormes fallos que me había cuidado muy bien de ocultar hasta que esta mañana salieron todos a la luz". Abu Gamal se acaba de jubilar, poniendo así punto final a una odisea laboral que duró treinta y dos años en la fábrica de seda de Helwan. El único recuerdo grato de todo este tiempo lo constituye la espléndida mano del Presidente Gamal Abdel Nasser, que un día se posó exactamente sobre su nuca para distinguirle, a sus veintidós años, como el primer obrero beneficiado por las leyes de nacionalización con las que el Líder lanzaba su Revolución. Más tarde, se le jubiló anticipadamente a los cincuenta y cuatro años, convirtiéndose también en el primer trabajador despedido por las políticas de privatización. Abu Gamal es buena persona, Gamal es buena persona y yo también soy buena persona. Por norma general, todo el mundo es bueno. Pero hay un pequeño error en este principio. A los dos les encantan sus peleas diarias, que no pasan de insultos o escupitajos. Como mucho, llegan a desenvainar y blandir sus armas. El motivo oculto de estos combates es una pugna por ver quien tiene más autoridad en la casa. La causa oficial son sus diferencias acerca de cómo tratar la locura de Seyf, el hijo menor de Abu Gamal, que había manchado y deshonrado la buena reputación de la familia. Riñas cotidianas que no desgastaban los vínculos de afecto que había entre ambos sino que incluso los reforzaban. Después de discutir se daban cuenta de que no se tenían más que el uno al otro y de que la vida son cuatro días. ¿Qué hay de malo, mientras te preparan la comida y te ponen la mesa, en abrir el apetito con un pequeño debate sobre el demonio, la cólera y la locura? <<¡Maldito sea Seyf y el día en que vino al mundo!>>. Quinto fragmento que Mertxe seleccionó para nuestra lectura compratida de Ladrones Jubilados. Esté es más extenso y miga de la buena. Seyf no estaba loco. Tampoco se trataba de uno de esos tipos dogmáticos y cortos de miras que ven las cosas desde un solo ángulo y las dividen en dos grupos: a su favor o en su contra. No es más que un actor rebelde y un amante atolondrado. Un actor que rechaza la idea de encerrarse en un sólo papel, pues considera que la vida da para mucho más; y un amante entregado a una reputación que consideraba merecida. Desempeñaba a la perfección el papel de poeta y soñaba con llegar a ser algún día un famoso trovador de reconocido talento. Sin embargo, no tardó en darse cuenta de que los cantantes gozan de más prestigio y reputación que los poetas, así que se pasó a la música. De hecho, amenizó unas cuantas bodas en nuestra calle, celebraciones que le ofrecían la oportunidad ideal para representar otro papel que le venía como anillo al dedo: el de peluquero de mujeres. Este oficio le hizo olvidar la canción. Le encantaba, pero además le volvían loco las clientas. Las adoraba con tal pasión que llegó a la conclusión de que lo más inteligente era parecerse a ellas. Seyf era el último retoño de la prole de Abu Gamal. Un muchacho de dieciocho años distinto a los chavales de su edad, pues no era impulsivo, espontáneo ni inmaduro. Sus miradas recordaban a las de un dulce corderito en el momento de transformarse en un lobo feroz. Delgado pero no exageradamente, poseía unos rasgos corrientes, simples rasgos sin más. No había en su rostro nada en particular que llamase la atención. Sin embargo, era imposible no quedarse mirándole cuando pasaba por delante de ti. Quizás por eso, él caminaba a propósito a paso lento. Parecía saber que la gente le observaba, así que les daba la oportunidad de que le contemplaran bien. Siempre hacía lo que le venía en gana, pero todavía no había podido realizar un pequeño deseo que tenía: salir a dar un paseíto vistiendo una minifalda que para este propósito había comprado en el Centro Comercial Tahrir, un body ajustado sin mangas y una peluca que pertenecía a la peluquería. Por desgracia, este sencillo capricho chocaba de frente con el virulento rechazo de sus hermanos, sobre todo de Gamal. Le apasionaba remover temas escabrosos, pero al mismo tiempo sabía correr sobre estos asuntos un tupido velo tras el que podías refugiarte para evitar sentirte incómodo. Siempre te convencía de que no había nada ilícito en sus actos. Como aquella vez en la que vino a visitarme, bien entrada la noche, y me puso a escuchar una casete erótica que había grabado con sus amigos en la que se les oía soltando gemidos. No la llamó con el nombre comúnmente aceptado para este tipo de grabaciones, sino que la definió como una velada “distendida” entre amigos muy “distendidos”. Pero no fue más allá ni hizo nada aunque yo dejé entrever que estaba dispuesto a participar en ese tipo de veladas. Sólo me lanzó una mirada de esas que se suelen definir como profundas. Esto me desconcertó, no debido a la vergüenza, sino porque no podía adivinar qué era lo que quería de mí exactamente, y tampoco había sido capaz de reconocer si su voz desempeñaba un papel activo o pasivo en la cinta de gemidos. Entonces se levantó y se giró lentamente. Cuando estuvo seguro de que su trasero estaba justo a la altura de mis hombros, se puso a restregarlo contra mí con varias sacudidas suaves e imperceptibles, como los brochazos de un hábil pintor sobre una pared lijada con esmero. Unos roces que no podías recriminarle si eres un hombre piadoso, pero que tampoco podías apreciar si eres uno de esos que entienden en estos asuntos. Unos toques que te dejan perdido, entre dos aguas, y te enfrentan a una pesada e irremediable indecisión: ¿me levanto y le echo, con lo cual puede que esté malinterpretado sus nobles intenciones? ¿O me pongo a besarle y acariciarle, con lo cual puede que él haga lo mismo y esto termine en un escándalo memorable que dará al traste con mis esfuerzos por mantener mi reputación? Seyf siempre deja la puerta entreabierta y se reserva el derecho de abrirla y cerrarla cuando le da la gana. Se pinta las cejas y se maquilla con gran esmero. Les dedica un especial cuidado a sus labios, a los que aplica un pintalabios marrón oscuro que pega con el color tostado de su piel. Alardea sin descanso de su masculinidad con pantalones estrechos de diversas marcas que resaltan sus nalgas respingonas. Su cuerpo, bien acicalado, echa llamas… Un día las echó literalmente, pues intentó suicidarse prendiéndose fuego. Bajó a comprar un bidón de queroseno en la tienda de Hassan y se lo extendió por todo el cuerpo, ocupándose de que el líquido llegase a todos sus recovecos, especialmente a su trasero, al que dedicó un puñado entero. Se frotó a conciencia, como hacen sus abluciones los creyentes más fervorosos (este esmero de los practicantes a la hora de lavarse no es más que una manifestación extrema de meticulosidad, propia de quien es consciente de que está a punto de encontrarse con Dios). A continuación, Seyf cogió una caja de cerillas, lentamente... Desde aquel día en que lo probó por primera vez le resultó tan agradable que con cierta regularidad baja a comprar un bidón de queroseno de la tienda de Hassan. Siempre me he preguntado por qué se lanza hacia la muerte de este modo tan excéntrico. ¿Está buscando una fama a su medida? ¿Se trata de un nuevo papel que sólo él tiene las agallas de representar? ¿O quizás es que la crueldad del miedo hace que la muerte le parezca una vida más llevadera? En El Cairo o en Bilbao; en Manchester, Düsseldorf o Shanghai; desde Kobe hasta Asunción, o lo que es igual, desde Nairobi hasta Tallahassee, esto es igual: La gente tiene tendencia a alegrarse cuando descubre que un hombre devoto y piadoso ha sido pillado con las manos en la masa cometiendo cualquier tipo de falta, pecado o desliz que empañe la dignidad y solemnidad de su condición de ferviente creyente; un simple error que le despoje del hábito de virtud y le muestre como un hombre corriente, sin ese aura de santidad con la que se envuelve. Esta reacción puede deberse a que la exagerada devoción de determinadas personas resulta incómoda para nuestras conciencias. Quizás se trate de una forma de lograr un cierto equilibrio psicológico: nos apoyamos en los pecados de un hombre en apariencia más próximo a Dios para justificar los nuestros propios, que sabemos que son enormes. Además, el comportamiento de esta persona nos permite concebir la posibilidad de cometer otros pecados no menos ignominiosos. O tal vez se deba simplemente a que la gente odia a los beatos que andan soltando sermones a los demás. Después de las independencias de los nuevos Estados africanos surgió una generación de escritores, fundamentalmente hombres, con una clara intención política, especialmente en el ámbito anglófono. "Ngugi, Soyinka, Gordimer, Okot p’Bitek", entre los que cita Tolu Ogunlesi en un editorial del magazine on-line Publishing Perspectives. Podríamos añadir a Amos Tutuola, Ben Okri, Ellen Kuzmayo, Chinua Achebe -también anglófonos- o a los senegaleses Birago Diop, Léopold Sédar Senghor, Hamidou Kane, Mariama Bâ; o a los lusófonos Teolinda Gersao, Pepetela, Amílcar Cabral, Filinto de Barros, Cristovao de Aguiar o Abdulai Sila, y seguramente unos cuantos escritores más. Sus obras denunciaban las huellas de la colonización, las tremendas desigualdades sociales en las nuevas sociedades africanas, los conflictos tribales provocados por unas autoridades ávidas de poder y riqueza, las actuaciones de las multinacionales occidentales o la creciente distancia entre una tradición inmovilista y una incipiente modernización. Leer a estos autores suponía, y supone acercarse a África, conocer su realidad. No es leer a Soyinka porque es Soyinka, al menos no exclusivamente. El motivo por el que han sido publicados, traducidos y leídos en Occidente ha sido su origen africano y el trasfondo político de sus obras. Eran, fundamentalmente, rarezas en un panorama editorial dominado desde Europa y Estados Unidos. De hecho, estos escritores han sido publicados por editoriales europeas o estadounidenses y se han difundido por países que no han sido los suyos. Ogunlesi cita a Achebe y cómo, anecdóticamente, su clásico Things Fall Apart era presentado en 1958 como una "cuestionable descripción de la extrañeza" por el propio editor, mientras que el New York Times Book Review confundía su origen étnico igbo por los obi, demostrando un desconocimiento en profundidad de lo que procedía de África. Durante décadas ésta ha sido la tónica general. Con honrosas excepciones editoriales, las novelas que nos han llegado al mercado español han sido productos exóticos o piezas de denuncia política. Casi nunca se han aplicado los mismos criterios literarios que se habrían aplicado con autores de otras procedencias más "normales". Y es que la edición de la literatura africana ha estado en manos de "outsiders", de extranjeros, es decir, de no africanos. Y la realidad ha sido que un escritor, o escritora africana debía salir de África para poder publicar su trabajo. Así que el debate se ha ido ampliando sobre la autenticidad de la literatura que hemos venido conociendo. En primer lugar porque quienes han decidido qué historias se publicaban escritas sobre o desde África no han sido editores africanos ni críticos literarios africanos. Siguiendo a Becky Ayebia-Clarke, autora de African Love Stories, llama la atención la enorme escasez de historias de amor con personajes africanos que hemos podido leer. "Aparentemente, al menos a ojos de la mayoría de los editores, es más auténtico para los africanos hacer la guerra que hacer el amor". El trabajo de Ayebia-Clarke, publicado en 2006 por Ayebia Publishing, es un signo novedoso y paradigmático de un cambio en la creación literaria africana y en la cuestión de quién controla la literatura africana: "un cambio radical de las antologías convencionales y el tema del amor se dirige a desacreditar nociones preconcebidas acerca de las mujeres africanas como víctimas empobrecidas, en tanto que muestra su fortaleza, complejidad y diversidad". El autor de este artículo sitúa la creación literaria africana en su punto más interesante y excitante, en un renacimiento basado en un movimiento literario que no tiene nada que ver con reivindicaciones nacionalistas o políticas de ningún tipo, sino con el "ferviente deseo de los africanos por contar sus propias historias, cualesquiera que éstas puedan ser, o lo marginales que puedan aparecer ante un mundo que no quiere saber nada más de África que la pobreza, el hambre o los niños-soldados". Ejemplos de este movimiento: Chimamanda Adichie, Chris Abani, Helon Habila, Binyavanga Wainaina, Sefi Atta, Monica Arac de Nyeko, Chika Unigwe, Brian Chikwava... Una nueva generación en la que las mujeres, además, cobran un mayor protagonismo, otro signo del cambio en esa "idílicamente primitiva" África. Los últimos años han conocido el surgimiento de colectivos literarios independientes e innovadores y la creación de nuevas editoriales radicadas en África. Cassava Republic y Kachifo en Nigeria; Storymoja y Kwani en Kenya; Chimurenga y Wordsetc en Sudáfrica. Además, todas ellas muy comprometidas con "exportar" al mundo el talento literario africano por cualquier medio a su alcance, y en ello Internet también tiene un papel destacado. Tolu Ogunlesi anuncia que para finales de 2010 serán las grandes editoriales las que hayan publicado a los nuevos autores africanos: Petina Gappah, Brian Chikwava, Peter Akinti, Chika Unigwe, Adaobi Nwaubani, Teju Cole, Kachi Ozumba y Lola Shoneyin. Y de hecho, Ogunlesi sólo habla todo el tiempo de escritores anglófonos y países como Nigeria, Kenya, Uganda y Sudáfrica, cuando la francofonía está conociendo una expansión similar: Alain Mabanckou, Calixthe Beyala, Camara Laye, Emmanuel Dongala, Agnès Agboton, Henri Lopes, Kourouma, Ahmadou Hampate Bâ, Veronique Tadjo, Fatou Diome, Devi Ananda....; incluso en castellano puede decirse que hay un renacer de una literatura africana expresada en esta lengua: Juan Tomás Ávila, Donato N’Dongo, José Fernando Siale Djangany, Justo Bolekia...; y lusófonos como Ondjaki, Mia Couto, Paulina Chiziane, Jose Eduardo Agualusa, Germano Almeida, Ana Paula Tavares, Manuel Rui... (ver más autores) Volviendo a la lista de escritores anglófonos que menciona Ogunlesi, destaca un dato más: todos ellos, excepto uno viven fuera de África, lo que plantea la existencia de dos tipos de escritores africanos: los que residen en África y la diáspora, los que han emigrado. El mercado global de la edición parece preferir a escritores africanos que NO residen en África para contar las historias relativas a África. Éste es un debate abierto: que los escritores que viven en el extranjero tengan más oportunidades de publicar sus obras puede deberse simplemente a una proximidad geográfica y empresarial a los centros editores. Es evidente aún una mayor infraestructura y mercado en los países europeos y occidentales, en general, que en los africanos. No necesariamente ha de deberse a "preferencias prefabricadas por parte de los editores": "Debates como éste continuarán dominando discusiones acerca de la escritura africana contemporánea. Localización geográfica y exilio, idiomas, autenticidad, incluso el asunto supuestamente simple de ’¿quién es un escritor africano?’ serán temas difíciles de ignorar". (De hecho éste es un tema ampliable a otras procedencias: la pujante nueva literatura india está escrita por hombres y mujeres que no residen en la India; chinos, vietnamitas, iraníes, afganos con libros difundidos en Europa a menudo residen lejos de sus países de origen, aunque sus historias vuelven una y otra vez sobre ellos o sobre la experiencia del exilio) Tolu Ogunlesi concluye parafraseando a Chinua Achebe, que por cierto ha sido nombrado Asesor Editorial de una nueva Penguin African Writers’ Series: "Los últimos 500 años de contacto europeo con África han producido un conjunto literario que presenta a África con una muy mala iluminación y ahora ha llegado el momento de que los africanos cuenten sus propias historias". Wole Soyinka, el primer Premio Nobel de Literatura africano, ha cumplido el pasado 13 de julio 75 años de edad. Lo que es la red: en Canarias, la 6ª Feria de la Edición que se celebra a finales de septiembre, organiza un Encuentro Internacional del Libro Africano, y consultando su web, aparece esta noticia, que pasó de puntillas por aquí, enlazando el artículo que publicó un periódico salvadoreño. Desde Nigeria a Bilbao con escalas en Canarias y El Salvador, para proseguir viaje hasta tu pantalla. Leyendo La extraña derrota, de Marc Bloch (Crítica, 2009), me he topado con este parrafito que, aunque aplicado a un tema bien diferente, me ha conducido a pensar que resume muy bien cuál ha de ser la actitud de las librerías ante el anuncio de los libros electrónicos: Aunque sólo sea para preservar, en nuestro viejo patrimonio, lo que puede y debe ser preservado, tenemos que adapatarnos a las necesidades de una nueva era. El carro tirado por un burro quizá fuera un modo de transporte simpático y lleno de encanto. Pero si nos negamos a reemplazarlo, cuando sea conveniente, por el auto, veremos cómo nos arrebatan hasta los burros (p. 147) Acerca de un post anterior sobre las razones para leer, me sugería algo éste otro párrafo del bueno de Bloch. Al principio pensaba leerme sólo los primeros capítulos de este libro, La extraña derrota, en el que analiza de una manera más histórica las razones de la rapidísima derrota, la debacle, del ejército francés ante la ofensiva nazi de mayo de 1940. Un análisis muy subjetivo, sin duda, pero sincero y profundo. Si cabe extraer una conclusión de la misma es que la sociedad francesa de esta primera mitad del s. XX vivía adormecida en los supuestos beneficios del progreso económico del capitalismo, en una tendencia propia del positivismo del s. XIX. La "victoria" de 1918 y el encumbramiento de sus líderes militares les llevó al inmovilismo de lo conocido. Una actitud que achaca a todos los sectores de su sociedad. Éstos capítulos continúan en un tercero, Examen de conciencia de un francés, en el que rechinan, quizás, desde este otro punto de la historia en que lo leo, los llamados al patriotismo, pero en el que después de todo, y aunque pensaba haber dejado de leerlo antes, me ha "enganchado" la crítica social y cultural que proporciona. El "aburguesamiento" de la sociedad que lleva al inmovilismo, a la acomodación, la apatía y los intereses cortoplacistas y egoístas; la reivindación de la figura del ciudadano, como lo vislumbró la Revolución Francesa, aún por encima de diferencias ideológicas, de clase o religiosas, y el papel fundamental y trascendental de la educación en el despertar de conciencias activas y críticas con su entorno, construyendo un modelo cívico común. Me lleva a pensar en un cierto paralelismo con el momento actual... Y eso queda reflejado en este párrafo: Nuestra burguesía […] sin duda apreciaba más los estudios serios en la época en que estaba compuesta en gran medida de rentistas. El hombre de negocios, el médico, el hombre de leyes, deben trabajar hoy denodadamente en sus oficinas porque, cuando salen de ellas, se diría que sólo les quedan energías para divertirse. […] ¿Su diversión adopta jamás por ventura un cariz intelectual? En cualquier caso, raramente se refiere a la acción, ni siquiera de manera indirecta. En efecto, una vieja tradición nos empuja a amar la inteligencia por sí misma, al igual que el arte por el arte, y a mantenernos apartados de la práctica. Tenemos grandes sabios y no hay técnicas menos científicas que las nuestras. Cuando leemos, lo hacemos por cultivarnos, lo que está muy bien. Pero no tenemos la costumbre de pensar que, cuando actuamos, podemos y debemos valernos de nuestra cultura (pp. 148-149) LA EXTRAÑA DERROTA. TESTIMONIO ESCRITO EN 1940 BLOCH, MARC Editorial Crítica, 2009 (reedición) 13,80 € |