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Blog intercultural y sobre interculturalidad. Éste es un espacio abierto
a las relaciones culturales, para hablar, debatir y compartir en torno a
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Se muestran los artículos pertenecientes a Agosto de 2008.
Hace ya 63 años que la II Guerra Mundial terminó y que la pesadilla del Holocausto fue descubierta por todo el mundo. Desde entonces se ha hablado mucho, se ha investigado, se ha escrito y se ha filmado mucho sobre este tema. De hecho, puede hablarse, a nivel literario, de una especie de género, una etiqueta, denominado "literatura del Holocauto". Se lo oí por primera vez a Josune Muñoz, en sus clases de literatura en Skolastika, en las que hablaba de una "literatura de las cicatrices", de esa forma que tienen los seres humanos de purgar sus fantasmas, miedos, angustias; el pesado lleno de malos recuerdos y peores sucesos, por medio de la escritura. Algo que comienza con testimonios directos y personales, para sacar de dentro unos recuerdos atemorizantes, para mostrar y denunciar ante el mundo una realidad escondida e hiriente; continúa después con biografías y testimonios novelados en los que se empieza a analizar, a reflexionar sobre una realidad que ya comienza a tomar cierta distancia; finalmente llega la ficción, que busca directamente la reflexión y la emoción. Así como en las dos primeras fases los autores y autoras de las historias narradas son testigos directos, supervivientes d los campos de concentración, a veces con las mediaciones y ayudas de otras personas, en la última fase escriben personas totalmente ajenas a esa realidad. de forma directa. A veces son descendientes de las víctimas de los campos de exterminio, procedentes de las mismas comunidades, o simplemente personas sensibilizadas con lo que supuso el Holocausto de los judíos en Europa (especialmente de los judíos, aunque que no fueran las únicas víctimas). El caso es que en los últimos meses se han publicado una serie de libros en España que vuelven sobre el tema del Holocausto, desde historias de ficción, completamente, que no se basan en sucesos reales, contrastados, a partir del testimonio de ningún superviviente. Son historias inventadas por sus autores y autoras como reflexión, recreación de unas situaciones históricas, en busca de una emotividad que pretende, cuando menos, rescatar del olvido lo que sucedió durante los años de dominio nazi en Europa, y plantar una semilla de reflexión sobre aquellos hechos. Hablamos, por ejemplo, de La llave de Sarah, de El niño con el pijama de rayas (también publicado en euskera Pijama marradunaz jantzitako mutila) o de Una vez. Todo el mundo merece que le ocurra algo bueno en la vida. Tres libros que tienen en común haber sido publicados entre el 2006 y el 2008, por escritores (Tatiana de Rosnay, francesa; John Boyne, irlandés; y Morris Gleitzman, inglés de ascendencia polaca) demasiado jóvenes para a ver conocido el Holocausto en directo. En cuanto a las En El niño con el pijama de rayas lo atractivo y novedoso del tratamiento del Holocausto es que el protagonista de la historia es un niño alemán, Bruno, el hijo del comandante del campo de exterminio de Auschwitz, quien hasta hace poco había vivido cómodamente, como cualquier otro niño de su edad, en una zona acomodada de Berlín, jugando con sus tres mejores amigos para toda la vida. Sin saber gran cosa sobre la guerra que se libraba lejos de allí, en la que luchaba su padre, por quien sentía un natural orgullo, es arrancado de su entrono para trasladarse con toda la familia al campo donde "trabaja" ahora su padre. Si nada sabía de la guerra, menos aún de los campos de exterminio, y cuando descubre a la gente que vive al otro lado de la casa, tras una alambrada, y que viste toda igual, con un pijama de rayas, lo único que le viene a la cabeza es la gran aventura de descubrimiento que se abre ante él. Así comienza una serie de excursiones a lo largo de la alambrada, entre lo Ahora se anuncia para este otoño el estreno de la versión cinematográfica de El niño con el pijama de rayas. Es evidente que la herida que se ahondó en Europa con el Holocausto de los judíos (y tantos otros) a manos de los Nazis y su demencial ideología aún no se ha cerrado. Va cicatrizando, pero todavía late y sangra. Espero que el maquillaje y la cirugía estética del cine no la tapen del todo ni la hagan desaparecer, para que no nos olvidemos de que está ahí. ¿Nos suena de algo dicha zona del mundo? El Gran Juego (término acuñado por Kipling) original enfrentó a rusos y británicos durante el s. XIX y parte del XX en una especie de carrera por explorar, conocer, cartografiar y reclamar unos territorios prácticamente desconocidos y que eran la puerta de acceso al interior de China y de toda Asia, propiciando una suerte de Guerra Fría con sus múltiples y diversos conflictos paralelos e indirectos. Dos guerras en Afganistán, la ocupación de Egipto, la partición de Persia, la invasión británica del Tíbet y una movilización general de ambos imperios por una escaramuza fronteriza en 1885. Todo ello acabó pasando factura: en 1917 la revolución bolchevique ponía fin al imperialismo zarista, si bien nada cambió en las aspiraciones rusas, ahora soviéticas, en la zona; mientras que en el lado británico, empezó a hacer mella el agotamiento moral y material de una metrópoli abatida tras la I Guerra Mundial. Sin embargo, el Gran Juego, el Torneo de Sombras, como lo llamaría el conde Nesselrode, continuaría de mano de estadounidenses y soviéticos. De nuevo con Afganistán en el centro de todas las miras, la auténtica encrucijada de rutas y caravanas, yacimientos petrolíferos y oleoductos. Tras la caída nuevamente de un imperio, el soviético, Asia Central se desmembró en diversas repúblicas que adoptaron las fronteras que los rusos les habían otorgado en el seno de la URSS, lo que reavivaría olvidados conflictos étnicos, hábilmente manipulados por las potencias. Pakistán y Afganistán están en plena ebullición; las ex-repúblicas soviéticas del Asia Central, aparentemente tranquilas, están básicamente bajo el control de compañías petrolíferas rusas y anglo-estadounidenses, pero amenazadas por el islamismo radical que se ha extendido por muchos otros países del Medio Oriente. Las servidumbres de paso del petróleo, además, han contribuido por otra parte a extender el marco del Gran Juego. Hace apenas una semana la guerra de Georgia, iniciada por un confli En el campo literario hubo también pioneros y visionarios que participaron de alguna forma en este Gran Juego. Podemos recordar la gran novela de Rudyard Kipling Kim, que propone una ficticia invasión rusa de la India a través de esta zona del Asia Central en disputa; o El hombre que pudo reinar, y que nos retrotrae al mito de Alejandro Magno, quien descubriera para el imaginario occidental las misteriosas y enigmáticas tierras del interior eurasiático. THU HUONG, DUONG (+) Kailas, 2006 (+) 978-84-89624-16-0 19,90 € Son pocas también las historias que llegan desde Vietnam, y que de alguna manera reflejen el variado y contradictorio mundo de la triunfal postguerra en el Vietnam comunista que surgió, menos aún. Esta novela lo cuenta. Por presentarla un poco, en ella se narran las complejas relaciones de una mujer, Mien, con su segundo marido, Hoan, a quien se ve obligada a abandonar para volver con Bon, su primer marido, a quien todos dieron por muerto en la guerra, pero que ha reaparecido 14 años después vivo y con la intención de recuperar una vida y un amor que son suyos. Aldea de Montaña, el pequeño pueblecito en el que todo esto sucede, juzga que el héroe de guerra merece recuperar todo lo que hubo de sacrificar cuando fue a la guerra, movidos también un poco por la envidia hacia un Hoan, y su mujer, ricos y felices. El presidente de la comunidad, jefe del partido, presiona y Mien toma la única decisión que cree que puede tomar a ojos de su conciencia y de los demás: volver con Bon. Pero Bon no ha vuelto el mismo de la guerra. Enfermo, debilitado e incapaz de rehacer una vida, no provoca otra cosa que compasión y algo de rechazo en Mien. Bon no trabaja; cuando comienza a desbrozar el pedazo de tierra que la comunidad le ha dado, cae enfermo varias semanas y ha de comenzar de nuevo otra vez. Incluso el jardín de su casa parece estéril como él mismo, incapaz de dejar embarazada a Mien, lo que parece ser su única esperanza, a la que se aferra con brutalidad para mantenerse vivo. En el lector, las sensaciones que transmite Bon son de rechazo, tal vez con algo de compasión. Los capítulos alternan de un personaje a otro, que nos descubren su visión sobre los hechos que se suceden, cuáles son sentimientos, sus miedos, sus intentos por seguir adelante. Y cuando habla Bon descubrimos un profundo y terrible dolor y sufrimiento. Hay un emotivo episodio que recuerda de la guerra, la batalla de la Colina 397, donde él fue el único superviviente de toda su compañía. Solo y aturdido, asustado por lo que acaba de vivir, por los fantasmas de la selva, y acuciado por los buitres, sin agua ni comida, arrastra el cuerpo de su sargento por la jungla buscando salir de allí. La tremenda y sobrecogedora emotividad de este episodio hizo que cambiara mi percepción de Bon, aunque es difícil decir que uno simpatice con un personaje más que con otro. Tal vez un logro de esta historia es que no hay buenos y malos. La brutalidad y desidia de Bon no consiguen contrarrestar el sufrimiento y la empatía; la frialdad y rechazo de Mien son más que comprensibles; e incluso los devaneos de Hoan, que nos va desvelando su pasado, nada fácil aunque haya llegado a ser un rico hombre de negocios, son comprensibles. Y todo esto en el contexto de un Vietnam desconocido de campesinos al bode de la supervivencia junto con ricos negociantes, propietarios de grandes fincas y casas; un mundo rural casi bucólico, de plantaciones, reuniones comunitarias, partidas de caza, y una ciudad grande y sórdida donde la prostitución se ejerce en casuchas destartaladas entre callejones estrechos y sucios. En definitiva, una novela muy recomendable. En cuanto a la autora, sí, es una mujer. Convencida comunista en su juventud, Duong Thu Huong lideró una brigada de voluntarios en la guerra, de la que sólo tres sobrevivieron. Después se alzó con defensora de los derechos humanos, lo que le reportó ser expulsada del partido comunista y, finalmente, ser considerada disidente y arrestada en su propia casa. En 2005 consiguió salir del país para instalarse en París. En castellano se han publicado tres títulos más de esta autora: Novela sin título (Circe, 1988), Los paraísos ciegos (Ediciones del Bronce, 2000) y Memorias de un manantial, (Planeta de Agostini, 2005) |
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